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La sequía afecta su autosustentabilidad. Sin agua no crece la pastura, sin ella no pueden alimentar sus animales y estos mueren de hambre o se pierden en el desierto en busca de alimento.

En el desierto de la sierra sudcaliforniana, familias que viven según las tradiciones vaqueras están padeciendo la sequía extrema, para sobrevivir han tenido que abandonar su hogar y sus tradiciones.

“El problema que tenemos aquí es la escasez de agua, no es suficiente, sobre todo para los animales”, dijo el vaquero Dario Higuera Murillo.

Un pozo de dos metros de profundidad es la única fuente de agua con la que cuenta la familia de Darío, en medio del desierto sudcaliforniano, el líquido escurre en muy poca cantidad. 

“Aquí la ponemos por gravedad hasta este bebedero y aquí se ve el agüita que está saliendo, ahorita se almacenó porque tiene desde el sábado por la mañana que eche a andar la bomba. esto que se ve en la boca de la manguera es lo que está saliendo de agua”, dijo el vaquero Dario Higuera.

Cuando llueve, el agua se almacena en una pileta construida por su padre, pero ahora la llena con agua del pozo ya que, estima, desde hace más de dos años no ha llovido lo suficiente en la zona.

“Apenas sube unos 5 cm, apenas alcanza a cubrir el nivel del tubo”, explicó.

Dario es vaquero en el Jarillal, un rancho ubicado a 40 kilómetros de la cabecera municipal de Comundó. El camino por carretera sería de 40 minutos pero a falta de esta, el viaje es de hasta por 5 horas en un camino de pura terracería que se hace en vehículo 4×4, caballo o mula. La ubicación geográfica de estos ranchos no permite que lleguen pipas o alguna tubería. Darío asegura que cuando se enteran de algún ciclón, esperan que un poco de esa agua llegue en forma de lluvia hasta las rancherías.

“El año pasado nos favoreció un poquito de lluvia, pero fue nada más en septiembre o en agosto. No nos ha llovido más, y ya va a ser el año”, refirió Higuera Murillo.

La sequía afecta su autosustentabilidad. Sin agua no crece la pastura, sin ella no pueden alimentar sus animales y estos mueren de hambre o se pierden en el desierto en busca de alimento. La familia de vaqueros llegó a tener hasta 400 cabezas de animales. Hoy solo cuenta con 40.

“Se acaba el pasto y los animales sí se flaquean. Las vacas paren, tienen que estar alimentando a las crías. Lo que hacemos nosotros para que aguanten más es quitarles las crías de las vacas para que aguanten un poco más.”, refirió Higuera Murillo.

Darío tiene que gastar seis pesos al mes en 40 pacas de alfalfa para paliar el hambre de sus animales, esto, dice, no los salva de la desnutrición; solo evita que mueran prematuramente.

“Está medio incierto el futuro si no llueve, pero pues seguir luchando yo creo, seguir trabajando a ver hasta donde”, refirió Dario.

Frente a este a escenario el resto de la familia de Darío ha tenido que dejar su rancho e instalarse en el poblado de Zaragoza, Baja California Sur. Ahí el padre busca subsistir gracias a la talabartería, oficio heredado por los primeros vaqueros de la región, hace poco más de 200 años pero que actualmente está en desventaja con los productos extranjeros, mucho más baratos.

“He hecho muchas monturas, aprendí a hacer fuste y aprendí a hacer las gamuzas para hacer maletas, rienda, bozales, polainas, botines, espuelas. Somos las últimas generaciones de vaqueros que mira uno con sus botas, sus equipos de cura y todos los complementos. No ya no hay, ya no se ven. La sequía una, tras otra, todavía están los ranchos abandonados ahí, se acabaron los rancheros, las chivas, todo”, concluyó Darío Higuera Meza. 

 

Con información de Abraham Reza

KAH

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