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El síndrome de cara vacía puede ser más frecuente entre los jóvenes.

Aunque en su momento nos costó traer cubrebocas todo el tiempo, ahora que su uso ya no es obligatorio en varios lugares y situaciones es probable que también nos cueste quitárnoslo por miedo o inseguridad; esto es conocido como síndrome de la cara vacía.

De acuerdo a Silvia Álava, psicóloga sanitaria y directora del área infantil del Centro de Psicología Álava Reyes, en Madrid, bajo este nuevo escenario a las personas les puede costar quitarse el cubrebocas.

“Es completamente lógico y normal que ahora nos cueste quitarnos mascarillas porque llevamos dos años recibiendo el mensaje de que hay que llevarla y es lo que frena y nos puede librar del contagio de COVID-19, y ahora el mensaje cambia”.

… explicó a Infosalus.

Dice que ahora se nos está transmitiendo que, como parece que la situación epidemiológica está mejor, hay menos contagios, y la gente contagiada es de menor gravedad, es cuando te la puedes quitar.

“Pero muchas personas sentirán miedo, ¿por qué? Porque la situación es menos grave pero realmente la COVID-19 no ha desaparecido. Entonces es normal que haya muchas personas tengan ese miedo y ese respeto a quitársela porque llevan durante mucho tiempo recibiendo el mensaje de que les protege”.

… insiste la experta.

El síndrome de la cara vacía

El término ‘síndrome de cara vacía’, que fue acuñado por varios expertos, es relacionado primero por Álava con la sensación de desprotección que tenemos frente al virus.

Sin embargo, la psicóloga advierte de que también puede tener una vertiente psicológica en personas con ciertas inseguridades o problemas a la hora de mostrarse tal y como son, por lo que fuera, porque tuvieran algún complejo o algo.

“Estas personas se han acostumbrado a llevar la cara tapada durante dos años y a que no vean su rostro, a no mostrarse tal y como son, y esto ha hecho que alguien con pequeñas inseguridades no se haya tenido que enfrentar a ello y ahora les cuesta más exponer su rostro”.

Además, la experta del Centro de Psicología Álava Reyes recuerda que las emociones donde más las podemos ver es en la cara, especialmente en la boca, y personas más tímidas o vergonzosas se van a sentir más desnudos sin el cubrebocas.

Más frecuente entre los jóvenes

Con ello, esta especialista reconoce que este síndrome de cara vacía puede ser más frecuente entre los jóvenes porque, por un lado, indica que pueden tener miedo a contagiarse, pero también, y fruto de una serie de complejos y de inseguridades les da vergüenza o miedo el quitársela.

“Creen que van a estar expuestos, que no les han visto la cara y les da miedo que se les puedan ver unos dientes que no están perfectamente alineados, que tienen una serie de granos, todo esto hace que algunos jóvenes les cueste quitarse la mascarilla. Es cierto, eso sí, que esto siempre ha ocurrido. Es habitual en esta edad sentirte más inseguro con respecto a tu cuerpo o tu cara. Antes veíamos cómo algunos adolescentes se tapaban parte del rostro con el pelo y en estos dos años lo han hecho con la mascarilla”.

… añade.

A la vez habla de los adolescentes más jóvenes, que empezaron a usar el cubrebocas con 10 años y ahora tienen 12 años y su cara se ha transformado totalmente y el hecho de tener que exponer su cara les puede costar a algunos un poco más.

¿Cómo superar el síndrome de la cara vacía?

¿Qué hacemos entonces si nos cuesta quitarnos el cubrebocas por ese miedo o inseguridad? Esta psicóloga sanitaria señala en primer lugar que el mensaje que hay que tener claro es que no es obligatorio hacerlo, te la puedes quitar si tú quieres, es una posibilidad. “Si te cuesta es importante pararse y ver por qué te está costando, qué es lo que ocurre, y cuál es la emoción que hay debajo”, aprecia.

Resalta que no es lo mismo tener dificultades a la hora de quitarse el cubrebocas por tener miedo al contagio, de forma que se puede optar por esperar a ver cómo evoluciona la pandemia y la incidencia de casos, e ir tanteando o exponiéndose poco a poco, primero cuando haya pocas personas o vea que hay ventilación, por ejemplo, y según vaya sintiendo que yo controlo la situación.

“Si me da vergüenza tendré que trabajar mi seguridad y autoestima y aceptarme tal y como soy, y aquí es importante el ir exponiéndose poco a poco y luego ir abriendo círculos. El eje a trabajar sería la seguridad y la aceptación de mi cara y de mis complejos. O si se tiene vergüenza el ser consciente de que los cambios forman parte de la vida”

… subraya esta psicóloga.

En cambio, considera que se debe consultar con un especialista cuando estas emociones interfieren en nuestra vida diaria y por ejemplo si nos olvidamos del cubrebocas y entramos en pánico porque pensamos que nos van a estar mirando y fijándose en nuestros granos, en nuestros labios, por ejemplo.

“Cuando veamos que es algo que interfiere en nuestra vida diaria, y las emociones que nos genera son tan desagradables que no las sabemos controlar es el momento de pedir ayuda y no esperar a que realmente haya un problema más gordo, sino que veo que me interfiere, que me cuesta, y que me lo hace pasar mal y las emociones que me genera no las controlo”. 

… concluyó Silvia Álava.

 

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