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La exposición ‘Mariana Yampolsky entre cuerpos extraños’ se inaugurará el 4 de mayo en el Centro de la Imagen.

Atraída por las tradiciones indígenas y populares, los lugares más apartados y recónditos del territorio, así como los rituales y costumbres, Mariana Yampolsky contribuyó a la evolución de la fotografía en México.

A propósito del veinte aniversario de su muerte, ocurrida el 3 de mayo de 2002, el próximo miércoles el Centro de la Imagen inaugurará la exposición Mariana Yampolsky entre cuerpos extraños.

Egresada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, la artista presentó su obra a través de 200 exposiciones  individuales y colectivas en recintos culturales y galerías de Alemania, Canadá, China, España, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Japón, Portugal, Suecia y Suiza, y en México en los museos de Arte Moderno (MAM), Mural Diego Rivera y de Arte Popular, así como en la Galería José María Velasco.

Sus fotografías y grabados forman parte de colecciones internacionales, públicas y privadas, entre ellas las de los museos de Arte Moderno, Nacional de la Estampa y de Arte Carrillo Gil.

De su obra gráfica, el Museo Nacional de Arte resguarda en su colección 13 estampas, entre las que sobresalen La madre y el niñoEl hilanderoCampesinos y Escena de mercado en provincia.

Cabe señalar que su obra la integran más de 50 mil fotografías que muestran un lenguaje muy particular, el de una artista curiosa e inquieta, que transita por los espacios geográficos de un México contrastante: festividades patronales, religiosas y familiares, así como la inocencia y sensibilidad de los niños, las mujeres y los hombres; la naturaleza, la arquitectura y la alimentación.

Antes de iniciar su trayectoria como fotógrafa, Mariana Yampolsky Urbach se integró al Taller de Gráfica Popular, donde inició como grabadora, diseñadora, ilustradora, curadora de exposiciones y promotora cultural.

De 1945 a 1960 realizó grabados, fue la primera mujer en formar parte del Comité Ejecutivo del Taller de Gráfica Popular, en el cual conoció y trabajó con Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins y Luis Arenal.

A finales de la década de los años cuarenta experimentó con la fotografía como registro personal de su obra gráfica y de sus viajes a lo largo y ancho del territorio mexicano, material que le permitió exponer en 1960.

En esta época (1948), la joven originaria de Chicago, Estados Unidos, y naturalizada mexicana, conoce a Lola Álvarez Bravo, quien influyó de manera significativa; sin olvidar la identificación de su memoria con un imaginario instituido por Tina Modotti, Manuel Álvarez Bravo, Nacho López y Héctor García, entre otros.

Además de formar parte de los fundadores del Salón de la Plástica Mexicana (SPM), fue fundadora y profesora del Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (Cenlex) del IPN; coeditora del Fondo Editorial de la Plástica Mexicana; también colaboró con el Centro de Investigación de la Artesanía y con la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito y fue editora de la colección Colibrí de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

El último proyecto fotográfico que realizó tuvo como tema la comunidad chicana en Estados Unidos, imágenes que ilustraron la crónica de Elena Poniatowska Las mil y una… la herida de Paulina (2000). Entre los reconocimientos que obtuvo está el Premio Miguel Othón de Mendizábal por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

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