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El escritor reedita su relato ‘Ana, ¿verdad?’, donde habla de la identidad y la inclusión.

Un día sin saber bien a bien cómo, Ana llegó a un país lejano donde la gente tiene otras costumbres. Ahí ella es la diferente y por tanto la quieren obligar a cambiar su nombre y forma de ser.

Publicado originalmente hace veinte años, Ana, ¿verdad? (SM), vuelve a circular previos ajustes de su autor Francisco Hinojosa. La obra cuyo origen se remonta a una convocatoria para que escritores de distintos países publicaran una historia alusiva a los derechos infantiles, demuestra que el tiempo no le ha hecho mella y mantiene vigente su alcance.

¿Cómo fue tu reencuentro con Ana, ¿verdad??

La primera versión data de 2000 y ahora lo corregí. La idea partió de una editorial que invitó a diez escritores de distintos países para escribir sobre cada uno de los derechos infantiles. A mí me tocó el derecho a tener un nombre y una nacionalidad. Di muchas vueltas a la historia hasta que llegó el personaje de Ana.

¿Así sucede en tu escritura? ¿Primero surge el personaje?

Me pasan tres cosas distintas. Puede llegarme una anécdota a la cabeza y a partir de ahí formar el cuento. Otra forma es la construcción de personajes, un contexto o situación, así nace la gran mayoría de lo que escribo. Una vía más consiste en partir de una idea de la cual surge la anécdota o el personaje.

Si bien la primera edición del libro fue hace veinte años, el tema sigue más que vigente.

La literatura para niños ha cambiado mucho en los últimos treinta años. Antes se pensaba que solo podían leer libros de cuentos, castillos y hadas. Hoy los temas son muy complejos, muerte,  diversidad sexual, inclusión o desapariciones forzadas. Hemos descubierto a un niño distinto, ahora es más despierto.

Y responde a otros estímulos. ¿Cómo encontrar el tono o el lenguaje para llegarles?

Tengo un hijo y dos hijas. Voy mucho a las escuelas y el contacto permanente con niñas y niños me da materia permanente para saber qué es lo que quieren. A pesar de que existe todavía una censura por parte del mundo adulto, los niños sí buscan ciertas cosas que saben, expresan y comparten.

¿Hoy los niños están más sensibilizados a estos temas?

Creo que sí. Les estamos dando la posibilidad para que se abran a temas que antes estaban vedados. Los he visto leer, conversar y discutir acerca de un cuento que no lleva un mensaje pero sí una propuesta distinta de ver la realidad.

El personaje de Ana es alguien que se aferra a quien es. ¿Qué tan importante es acompañar la construcción de identidad de un menor?

Tocas el punto exacto. ¿Cómo puede una niña o niño creer en sí mismo y combatir a un mundo que lo aplasta o minimiza? La pandemia ha puesto a relucir el maltrato que padecen y creo que la literatura ha demostrado que a través de los libros se puede hacer comunidad y familia. He visto como adultos se enganchan con los niños por medio de la lectura.

¿Te interesa la pandemia como material literario?

Durante este periodo escribí Mis padres son lo máximo donde a través de diez cuentos hablo de la relación de un niño con sus padres. En algún momento me surgió la necesidad de escribir un cuento donde había una plaga de piojos y los directivos de la escuela deciden suspender las clases. Para muchos niños la pandemia ha sido terrible porque no han podido tener contacto con sus amigos ni con gente de su generación.

¿Qué impacto puede tener eso en los niños?

Los niños que hoy tienen cuatro o cinco años estarán marcados por la pandemia. El contacto físico con sus compañeros es muy importante por eso esto les ha cambiado la vida.

Entre quienes escriben ficción para adultos, se dice que se necesita tiempo para tener perspectiva sobre esto. ¿En el caso de la literatura infantil opera de manera diferente?

Desde hace poco he recuperado el contacto presencial con niños y niñas, a partir de esto tendré otra perspectiva al respecto. Supongo que con el tiempo aparecerán más libros porque el confinamiento ha sido determinante. Yo hablo desde un punto de vista privilegiado, pero hay quienes viven en casas muy pequeñas y sin acceso a tecnología, ellos son los más afectados.

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