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Las prohibiciones incrementaron, dice que le impedían tener comunicación con su única familiar, su sobrina Angelina Hernández, quien se preocupó por su tía cuando le negaron verla o hablar con ella.

A inicios de este mes, una mujer que pasó más de 60 años como trabajadora del hogar, maltratada y casi sin paga, fue rescatada por una de sus familiares luego de que la mantuvieron incomunicada con el pretexto de la pandemia. Hay que recordar que desde julio de 2019 entró en vigencia la ley que reconoce los plenos derechos de las trabajadoras del hogar, por lo que ahora, esta mujer puede reclamar lo que le corresponde por lo años de servicio.

“Yo trabajé mucho, como decía como burro, trabajaba mucho”, dijo Catalina Acosta.

Durante más de seis décadas, esta mujer de 80 años de edad fue trabajadora del hogar en un sitio donde, dice, sufrió constantes golpes y maltratos psicológicos.

“Desde el principio, me regañaban, hasta el señor me quería pegar también. Agarró un palo y me quería pegar en la cabeza, pero yo no me dejé, era muy agresivo”, narró la señora Acosta.

La mujer es originaria de Coxcatlán, San Luis Potosí. Cuenta que llegó a la Ciudad de México cuando tenía 19 años de edad a trabajar con una pareja que acababa de casarse y buscaba una persona que se encargara de su casa, en Naucalpan. En ese entonces Catalina solo hablaba náhuatl, además no sabía cocinar ni cómo debía limpiar una casa, dice que nunca imaginó que sus empleadores le enseñarían a golpes.

“Pues me quedé ahí por bruta, por tonta, me acostumbre. No, yo nunca me casé no me casé porque pues estoy trabajando, digo para qué y luego los los hombres malos, me maltratan”, dijo.

Así pasaron 60 años. Cuenta que cuidó hijos y nietos, limpió casas, y realizó otras tareas por las que apenas llegó a ganar hasta cuatro mil pesos al mes. La situación empeoró con el confinamiento por la pandemia, Catalina dice que nunca se quejó con familiares por miedo e ignorancia.

Las prohibiciones incrementaron, dice que le impedían tener comunicación con su única familiar, su sobrina Angelina Hernández, quien se preocupó por su tía cuando le negaron verla o hablar con ella.

“Le pegaban a manguerazos, le pegaban con el palo de la escoba. Me decía su patrón que no podía contestar porque era hora de su trabajo que no la interrumpa”, explicó.

Angelina buscó el apoyo del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar. El pasado 9 de noviembre fueron a rescatarla, pese a que debieron enfrentarse con los dueños de casa, quienes la llamaron malagradecida.

Hoy doña Cata recibe tratamiento médico por anemia y dice que quiere regresar a su pueblo. Antes, sus abogados buscan que sus ex empleadores la indemnicen por todo el tiempo que trabajó para ellos sin ninguna prestación y por los últimos 4 meses donde ya no le pagaban ni un solo peso.

 

 

Con información de Abraham Reza y Jorge Ulloa

KAH

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