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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El segundo dictamen técnico de la firma noruega DNV confirma que, durante el gobierno de Marcelo Ebrard en la Ciudad de México, el viaducto elevado de la Línea 12 en Tláhuac estuvo mal diseñado, mal supervisado y mal construido por CICSA, del Grupo Carso, y por la constructora ICA.

Luego de cuatro meses de investigaciones en torno a las causas del desplome del tramo elevado de la Línea 12 entre las estaciones Olivos y Tezonco, en sus columnas 12 y 13, la compañía DNV descartó que factores geológicos –como pudiera ser la actividad sísmica– hayan sido un factor determinante en el colapso de esa estructura construida por el consorcio.

Sin embargo, sí advirtió problemas en la cimentación que, para ingenieros civiles consultados por Proceso, deberían confirmar la responsabilidad de las empresas constructoras al entregar una infraestructura sin cimientos adecuados, sin el diseño y ejecución mínima para las condiciones de sismicidad de la Ciudad de México.

“La estructura compuesta (del tramo elevado) estaba operando como dos vigas paralelas independientes, una viga de concreto y una viga de acero que experimentaron condiciones de carga para las que no estaban diseñadas”, asegura DNV.

En estas condiciones y, con el nivel de carga al que estaba expuesta la Línea 12 en el tramo elevado, se distorsionó la estructura dando lugar a fisuras por fatiga que terminaron por reducir la capacidad de carga. Aunque DNV debe entregar un tercer reporte sobre la causa raíz del desplome del tramo que costó la vida a 26 personas y dejó más de 100 heridos, el dictamen final técnico entregado el martes 7 confirma los vicios de obra.

Salvador G. Lignan, ingeniero civil y catedrático, aseguró que el dictamen de DNV sólo confirma que hubo “un gran pecado de construcción”. Un dictamen tan extenso y pormenorizado como el que se entregó busca demostrar ante la opinión pública cierta objetividad técnica, sin embargo, le falta contundencia para señalar claramente a los responsables que ahora ofrecen reparar lo que se construyó mal y costó la vida de 26 personas.

“El dictamen de DNV parece una anticipación de ingenieros estructurales para que la culpa de la moralidad técnica no se expanda”, dice el ingeniero. Aún más, aseguró que “si esos cálculos estructurales que defienden las constructoras hubieran sido los correctos desde la edificación y operación segura de la Línea 12, no se habría caído y no sería necesario, como se propone ahora, agregar apuntalamientos, trabes y refuerzos que debieron hacerse antes”.

Jorge Gaviño, exdirector del Sistema de Transporte Colectivo Metro, consideró que ahora el gobierno de la Ciudad de México deberá exigir que, como se hizo después de los sismos de 2017 en las curvas 11 y 12 y la columna 69, se apuntalen con acero de la mejor calidad porque, reiteró, los vicios de obra son evidentes.

“No fueron los sismos (los causantes del accidente) como establece el dictamen de DNV, sino los problemas de diseño, supervisión y ejecución: tampoco fueron problemas de mantenimiento ni los sismos”, dice.

Carso, el deslinde

En su conferencia del jueves 9, cuando ya se conocía el dictamen de DNV, el presidente López Obrador reiteró que las empresas que participaron en la Línea 12, como lo anunció la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, “se hacen cargo de los daños y sin presupuesto adicional, se harán cargo de reconstruir toda la línea, no sólo donde hubo el accidente o el tramo que se construyó mal y que se cayeron las trabes; no, todo”.

El mandatario refirió que Carlos Slim, presidente de CICSA, acudió a Palacio Nacional a decirle que él se haría responsable. Aseguró que ICA también responderá, así como la española CAF, que vendió los trenes al gobierno de Marcelo Ebrard.

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