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Aunque nunca pasó por su mente dejar México para vivir en otro país, Anaid Ronzón Hernández, una joven Xalapeña, decidió hace más de 12 años, emprender la aventura más grande de su vida.

A  los 18 años partió de la ciudad que la vio crecer, con la ilusión de iniciar una nueva etapa en su vida; migró a Estados Unidos para estudiar una carrera universitaria y ahí comenzó su historia.

«A mí me gustaba mucho vivir en México, tenía a mis amigos, estaba estudiando diseño gráfico, para mí estaba bien no quería ir pero lo decidí cuando pensé a largo plazo, si me graduó de una universidad allá voy a tener más facilidades con mis estudios».

Anaid, consiguió una beca que la ayudó a poder terminar sus estudios, las cosas no fueron fáciles, pero nunca se rindió, se graduó en Literatura y curso una carrera técnica en artes plásticas.

«Allá tomé un curso de inglés, ya sabía pero no para estudiar en la universidad, entonces hice 3 semestres (..) lo que me ayudaba monetariamente es que tenía una beca y cuando me gradué empecé a trabajar en una escuela primaria pero a pesar de que estaba muy bien yo seguía con estatus de estudiante internacional y pensaba qué iba a hacer cuando pasara el año».

Haber salido del país por primera vez, fue el detonante para que ella buscara seguir creciendo profesional y personalmente., por lo que al concluir sus estudios universitarios, comenzó a planear su siguiente objetivo, conocer Australia.

«Tenía una sed por irme a un país exótico y remoto y se me ocurrió Australia para seguir practicando mi inglés y mi sueño era ver koalas y canguros, lo típico, pero los mexicanos no tenemos visa para ingresar a Australia, entonces solo podemos ir como estudiantes (..) allá me gradué como educadora».

Después de muchos trámites logró llegar a Australia pero la experiencia en ese país no fue como la imaginó, la vida para los extranjeros es difícil, asegura que el racismo laboral es muy alto.

«El racismo no es por tu color de piel sino por tu nacionalidad, sino eres australiano eres como un ciudadano de segunda, no le importas al sistema y es muy difícil. A todos los que llegan les piden mínimo tener 4 mil dolares en el banco, tener una carrera, o sea que vengas super preparado».

Ella lamenta que en Australia no se abran la oportunidades laborales para los extranjeros, pues la gran mayoría solo puede aspirar a ser mesero, albañil, niñera o trabajar en el campo y las granjas, a pesar de contar con una profesión.

«Yo allá conocí a mi marido y el habla 6 idiomas, tiene una maestría y nadie le quería dar trabajo, es rubio de ojos azules pero es de Lituania y nadie le quería dar trabajo, el era albañil; tengo una amiga española con un doctorado en biología y era niñera».

 

«En Australia todo es caro, es el país más caro en el que he vivido y la renta allá son 400 dolares a la semana por una habitación en una casa que compartes con 5 colombianos, 3 polacos y no creas que es una casa grande, son casas pequeñas y viejas».

«La flora y la fauna allá es muy bonita, los paisajes también pero es muy parecida, por ejemplo las playas para mí son más bonitas en México porque cada una es diferente y el agua es calentita, allá a donde vayas todas se ven igual y el agua está helada».

La xalapeña asegura que es un mito que en las ciudades australianas como en Sidney donde ella vivió, te encuentras animales salvajes como cocodrilos o canguros por las calles, señaló que eso se observa solo  en las zonas alejadas.

A cambio de la fauna silvestre, Australia vive bajo el acecho de una horrible plaga de cucarachas y arañas «gigantes», que no pueden exterminar ni en las zonas más urbanizadas y limpias.

Afortunadamente, pese a los obstáculos, Anaid logró disfrutar cada momento en aquel remoto país y con sus ahorros logró conocer la isla y viajar a países de Asía.

También encontró el amor y no precisamente en un australiano, sino en un joven lituano que le robó el corazón y todo gracias a una aplicación para citas, aunque ella estaba renuente a conocer personas a través de este medio, finalmente fue animada por sus amigos y los resultados fueron inesperadamente positivos.

«Allá en Australia los hombres son físicamente muy guapos, pero como personas son como un ken sin cerebro, a mi no me gustaban tanto, además de que son muy vulgares»

«De repente en la app me salió la foto de mi esposo y hubo algo que me llamó la atención, su sonrisa, leí la descripción y tenía como sentido del humor y resulta que yo también le gusté».

Después de un par de altibajos, finalmente pudo concretar una cita con Tomas y desde el primer momento supieron que eran el uno para el otro.

«Tuvimos una cita como de 5 de la tarde hasta las 12 de la noche, estuvimos como 3 horas en el parque con vista frente al mar y una marina de yates, lo invité a un restaurante japonés y le gustó mucho, nos dimos un beso y en eso se fue como cenicienta porque se acordó que su último tren se iba a ir, llovió se mojó y me dijo que se la pasó muy bien».

Así fue como su historia de amor comenzó con el lituano Tomas, con quien más tarde se fue a vivir y tras el éxito de su relación 6 meses después le propuso matrimonio.

A partir de ese momento la historia de Anaid da un giro inesperadamente, sin planearlo la vida le tenía preparada una aventura más, ahora en un país báltico muy poco conocido, pero a lado del amor de su vida.

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