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Ciudad de México. Tras el paso de la pandemia de Covid-19, la recuperación económica del país será difícil y prolongada, además de que estará sujeta a incertidumbre, coincidieron varios de los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México (BdeM).

En la minuta de su pasada Reunión de Política Monetaria, uno de los miembros de la junta enfatizó en que la magnitud de la recuperación del siguiente año será fundamental para determinar el tiempo que tomará regresar a niveles previos a la pandemia.

Él mismo estimó que la etapa de la recuperación podría durar de dos a seis años o incluso hasta una década si se considera el PIB per cápita.

La mayoría de los miembros coincidió en que se anticipan condiciones de holgura amplias a lo largo del horizonte en el que opera la política monetaria.

Algunos miembros subrayaron que hay riesgos a la baja para la actividad económica y destacaron las implicaciones sobre la actividad productiva derivadas de la evolución de la pandemia de Covid-19.

Uno mencionó que existe una alta probabilidad de un rebrote del virus en el corto plazo, vinculado principalmente al relajamiento de las medidas de confinamiento, situación que podría complicarse ante el inicio de la temporada de influenza estacional.

Asimismo, señaló que es poco probable que aún con la disponibilidad de una vacuna haya una recuperación económica que de manera relativamente rápida compense la contracción observada durante 2020.

También advirtió que la recuperación del consumo será más lenta dado un desempleo elevado, temores de contagio del virus y la ausencia de un apoyo fiscal suficiente, esto último, sumado a un ambiente de negocios desfavorable, limitará la inversión privada.

Entre los riesgos para el crecimiento económico, un miembro de la junta destacó el hecho de que se prolonguen las afectaciones en la producción de bienes y servicios y en los ingresos de empresas y hogares, y que se presenten episodios adicionales de aversión al riesgo en los mercados financieros.

Además de presiones en los ingresos públicos que pudieran afectar las perspectivas del riesgo soberano y las condiciones de acceso a los mercados financieros, y problemas de solvencia en hogares y empresas afectados por la pandemia.

Por otro lado, la mayoría consideró que la inflación ha seguido resintiendo los efectos de la pandemia, que ha implicado choques de oferta y demanda, propiciando una recomposición de precios relativos.

Sin embargo, todos señalaron que se anticipa que la inflación converja a la meta en el horizonte en el que opera la política monetaria, que es de 3 por ciento +/- un punto porcentual.

En otro tema, la mayoría externó preocupación por la situación de Pemex. Incluso, algunos destacaron la posibilidad de que se requieran apoyos fiscales adicionales.

Uno consideró que lo anterior, al igual que una materialización de recortes en la calificación de la petrolera o soberana y presiones de gasto debido a la extensión de la pandemia, podría afectar negativamente a las finanzas públicas.

Otro enfatizó que estas enfrentan retos derivados de la ausencia de una solución de largo plazo a los problemas de la petrolera mexicana.

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