Publicado en Destacado, NACIONAL.

CIUDAD DE MÉXICO.- El transporte público metropolitano es causa y efecto de la pandemia y la recesión económica. Es víctima y perpetrador. La pandemia ha golpeado a este sector como a pocos, y también como pocos, el transporte masivo sufrirá una transformación de proporciones históricas debido a la epidemia.

La víctima inmediata de la pandemia del covid han sido las multitudes: los conciertos, los eventos deportivos, los paseos en centros comerciales y en los parques, las fiestas y las manifestaciones políticas. Pero sin duda el ejemplo más claro es el transporte masivo en las grandes urbes.

Ya sea en unidades de pequeña capacidad, como los microbuses, de mediana como los autobuses, o de gran capacidad, como los metros y trenes, el transporte público metropolitano ha sido diezmado en sus aforos por la cuarentena, y los ingresos que proveen dichos servicios se encuentran en estado de mínima sobrevivencia, y urgidos de acciones para poder continuar operando.

El encierro implicó trabajar en casa, cancelando los desplazamientos masivos en las metrópolis, pero al mismo tiempo, las autoridades han tenido que limitar en lo posible la transportación masiva para disminuir el contagio en unidades de transporte abarrotadas.

Las consecuencias han sido terribles, y el sector ha sido sacudido por un tsunami de múltiples dimensiones: por un lado, la demanda se ha desplomado, abatiendo los ingresos y comprometiendo la capacidad de las empresas de transporte masivo, ya sean públicas y privadas, para cubrir sus costos operativos mínimos, ya no digamos su capacidad para dar el necesario mantenimiento mayor, y reponer las unidades depreciadas.

La debacle de la demanda enfrenta una oferta de equipos fija, que no es posible reducir de corto plazo, y que demanda costos fijos ineludibles: impuestos, refacciones, patios de encierro, seguros.

En el caso que el servicio de transporte sea prestado por una empresa, quizá existan estrategias que ayuden a palear dicha suerte: créditos de corto plazo, ahorros, echar mano de las cuentas de depreciación, diferir impuestos. Pero el sector del micro-bus, que representa la mayoría de la población ocupada del sector, los efectos del recorte de la demanda quizá sean aún más dramáticos. Los micro-buseros tienen un flujo de efectivo de muy corto plazo, y si bien tienen la flexibilidad de operar sus unidades a las horas convenientes, nada pueden hacer contra la caída de ingreso producto de la pandemia.

¿Cómo apoyar al sector de transporte masivo en esta pandemia? Algunas soluciones han buscado darles vales de gasolina, lo cual, si bien ayuda al flujo, no es suficiente para que los operadores, tanto públicos como privados, logren el ingreso mínimo para sostener sus operaciones, poniendo en riesgo la viabilidad de las ciudades mismas.

Esquemas como el Metrobus, en donde se les paga a los operadores por kilómetro recorrido, independientemente de los pasajeros transportados, con un precio por kilómetro (que se pueden verificar con GPS) que garantice el ingreso operativo, quizá sean necesarios para mantener el transporte masivo operando durante la pandemia.

Israel se ha convertido en el primer país en volver a encerrarse, algunos países en Europa lo están considerando, y los epidemiólogos temen que más países se vean forzado a hacerlo cuando la temporada de la influenza se conjugue con la pandemia del coronavirus.

De volver a enclaustrarse las metrópolis, o de imponerse mayores restricciones al transporte público, las empresas y familias que prestan dichos servicios estarán comprometidos para seguirlo haciendo, poniendo a las metrópolis en una situación de vulnerabilidad.

Pero hay otro aspecto que es urgente entender y atender: los operarios del transporte masivo se encuentran entre el personal más expuesto al contagio, y las cifras de decesos en este sector son entre las más altas. La política pública debería de ofrecer un seguro de vida gratuito a todos los operarios de transporte masivo, al menos durante la duración de la pandemia: no nada más se lo merecen, toda la sociedad los necesita.

Así como todo el personal médico está asegurado, los operarios del transporte masivo deberían de estarlo: ellos sostienen como pocos la resistencia de las ciudades a este escenario de pesadilla en donde la pandemia ha volteado de cabeza a las economías, y no podemos darnos el lujo de abandonarlos a su suerte.

A Detalle
La fuerte caída en la demanda de servicios de transporte es el resultado de las restricciones sociales a las situaciones de riesgo de contagio masivo. La caída en el número de pasajeros transportados, en las principales ciudades, muestra un fuerte revés en el sector del transporte público, lo que ha mermado los ingresos de dicho sector.

Empero, para el caso de los vehículos en circulación la oferta de estos servicios de transporte se mantiene estable, con pocas estrategias para reducirla en el corto plazo. Los costos fijos de tener disponible esta flota de vehículos no ha disminuido lo que constriñe aún más la posible recuperación en el sector de transporte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *