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El rápido calentamiento de la región se manifiesta mediante olas de calor que también han batido récords de temperatura.

El Ártico ha sufrido la peor temporada de incendios de la que se tienen datos por segundo año consecutivo. El dióxido de carbono enviado a la atmósfera por estos enormes fuegos forestales ha superado en más de un 33 por ciento el nivel del año pasado.

Los incendios que arrasaron el Círculo Polar Ártico emitieron 244 millones de toneladas de dióxido de carbono durante los primeros seis meses del año, frente a 181 millones de toneladas durante todo 2019, según el servicio europeo de vigilancia de la atmósfera Copernicus (CAMS, de sus siglas en inglés).

“Sabemos desde hace mucho tiempo que las tasas de cambio de clima y temperatura en las latitudes del norte ha sido dos o tres veces más rápidas que la media mundial”, explicó Mark Parrington, científico principal de CAMS. “Lo que estamos viendo ahora es un síntoma de esa tasa de cambio más rápida”.

El rápido calentamiento del Ártico se ha manifestado en los últimos meses mediante olas de calor que han batido récords de temperatura. Al mismo tiempo, los satélites mostraron que el hielo marino registró la mayor reducción en un mes de julio de la historia. Una capa de hielo más delgada en las aguas del Ártico hizo que la Ruta del Mar del Norte, que se utiliza durante los meses de verano para enviar gas, petróleo y metales desde el norte de Rusia a China abriese antes de lo habitual este año.

Las emisiones de los incendios del Ártico, algunos de los cuales aún están ardiendo, fueron tan altas que en solo seis meses la región produjo el equivalente a lo que países como España, Malasia, Egipto o Ucrania emitieron en 2018 por la quema de combustibles fósiles, según los datos disponibles más recientes de Global Carbon Project.

La mayoría de los incendios se produjeron en la República de Sakha, en Rusia, mientras que la actividad de los incendios se redujo en el norte de Canadá y Alaska respecto al año pasado, según Copernicus. Las columnas de humo de los incendios siberianos se extendieron a lo largo de miles de kilómetros, cubriendo el equivalente de más de un tercio de Canadá.

Los científicos piensan que los llamados “incendios zombis” que se originaron el año pasado podrían haber estado ardiendo bajo tierra durante los meses de invierno y se reavivaron en la primavera, cuando una ola de calor azotó la región. “Cuando estos incendios comienzan en esa parte del mundo, pueden arder durante un largo período de tiempo”, comentó Parrington. “No me sorprendería que volvamos a ver algo similar el próximo año”.

Los incendios en el oeste de Estados Unidos todavía están activos, y los datos de CAMS muestran que la intensidad del fuego en Colorado hasta ahora ha estado muy por encima de la media de 2003-2019 durante la mayor parte de agosto. En California, los datos muestran que las emisiones de los incendios alcanzaron un máximo en la segunda mitad del mes, lo que no es sorprendente, dado que dos de los mayores incendios de la historia del estado comenzaron a finales de agosto.

No obstante, el principal impulsor de las emisiones globales de incendios forestales proviene de los incendios que ocurren en el trópico. Una estación seca más húmeda de lo habitual en el sudeste asiático implica que podría haber menos incendios en Indonesia este año. “En general, vemos algunas anomalías regionales, pero a escala global hasta ahora las cosas no son tan anómalas como el año pasado”, dijo Guido van der Werf, científico de la Vrije Universiteit Amsterdam, que también hace un seguimiento de las emisiones de carbono de los incendios forestales.

Las emisiones de incendios en la Amazonia brasileña este año son similares a las del pasado, destacó Van der Werf. Pero la temporada de incendios en esa parte del mundo no ha acabado, por lo que las emisiones de incendios durante todo el año dependerán de cómo se desarrolla el resto de la temporada de incendios en la selva amazónica.

FUENTE: El Financiero

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