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Ciudad de México. El uso de biotecnología aplicada a la agricultura representa mayor productividad y mejores precios para las grandes empresas; sin embargo, de poco o nada ayuda en México, donde ocho de cada 10 productores son micro, es decir, tienen un negocio familiar cuya producción es en su mayoría para autoconsumo, señalaron especialistas.

De la misma forma, advirtieron, su uso en el sector alimentario tiene afectaciones en distintos rubros como los de salud, económico y social, dando como resultado que el negocio de los transgénicos sólo sea benéfico para las trasnacionales.

En contraste, estudios y opiniones aseguran que los cultivos transgénicos generan beneficios económicos a los agricultores al mejorar su productividad, y no sólo eso, sino que ayudan en el rubro de la salud, pues reducen el número de intoxicaciones provocadas por el mal uso de pesticidas.

Hasta la fecha, no hay un solo estudio con pruebas fehacientes que aseguren que el uso de transgénicos es bueno o malo, por lo que las discusiones continúan.

Hay un debate importante en el uso de transgénicos porque tiene implicaciones en distintos ámbitos, siendo el de la salud el que más se discute, se le ha asociado con el cáncer o con simples alergias, pero la realidad es que no hay un estudio determinante, dijo José Hernández, especialista en desarrollo agrícola e investigador de El Colegio de México.

No obstante, para el también economista de la Universidad Nacional Autónoma de México, más allá de la salud, hay que poner atención en otros efectos negativos asociados al mal uso de la biotecnología en los alimentos, como pueden ser los relacionados con el medio ambiente, lo social y lo económico.

En esos sectores podemos encontrar los efectos nocivos de los transgénicos mal aplicados en un contexto como el mexicano, señaló.

El especialista explicó que el cultivo de alimentos transgénicos forma parte de paquetes tecnológicos diseñados para contextos que no son los que predominan en México.

Son paquetes muy intensivos en ciertos insumos agroquímicos, que han sido pensados para su uso en grandes superficies con mucha infraestructura de riego y maquinaria, lo que en México sólo tienen las empresas de mayor tamaño, que son la minoría, pues en el país, 80 por ciento son microproductores agropecuarios, enfatizó.

Para el especialista, esta tecnología no resuelve los problemas del campo, sino que es posible que los empeore, pues sólo beneficia a las grandes empresas y es un gran negocio para las trasnacionales que la venden, como Bayer, Monsanto y Syngenta.

En términos económicos no es una alternativa viable para resolver el problema de la seguridad alimentaria de los pequeños productores, que son la mayoría, apuntó.

Efectos devastadores

Silvia Ribeiro, directora para América Latina del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), hizo énfasis en que más de dos décadas de siembra transgénica en el mundo han dejado efectos devastadores en la contaminación de aguas y suelos, lo que a su vez ha provocado una auténtica epidemia de enfermedades graves, multiplicando las cifras de cáncer y abortos espontáneos en zonas rurales.

La especialista es contundente, los culpables y quienes se benefician son muy pocos.

Añadió que las semillas de todos los cultivos transgénicos que se usan en el mundo están en manos de muy pocas trasnacionales: Bayer-Monsanto, Syngenta (propiedad de ChemChina); Corteva (fusión de DuPont-Pioneer y Dow Agrisciences) y Basf.

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