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La cantidad de sistemas de órganos afectados durante el curso del COVID-19 es uno de los aspectos más desconcertantes, y aunque se ha escuchado sobre el corazón, los pulmones y síntomas respiratorios, uno de los misterios crecientes el impacto que el virus SARS-CoV-2 tiene en el sistema nervioso.

En abril, un informe sugirió que más de un tercio de los 214 pacientes de COVID-19 estudiados experimentaron complicaciones neurológicas que van desde la pérdida del olfato hasta el accidente cerebrovascular.

La nueva cepa de coronavirus puede provocar complicaciones neurológicas como delirio, inflamación cerebral, accidente cerebrovascular y daño a los nervios.

De acuerdo con un estudio de University College de Londres publicado a inicios de julio, 10 de 42 pacientes tenían “disfunción cerebral temporal” y delirio, mientras que 12 tenían inflamación cerebral, ocho sufrían derrames cerebrales y ocho más sufrían daño nervioso.

Un artículo de The Lancet Psychiatry publicado en junio examinó a 153 pacientes en el Reino Unido y descubrió que incluso los menores de 60 años podrían tener psicosis, depresión o accidentes cerebrovasculares.

El doctor Sanhay Gupta, neurocirujano, y la doctora Minali Nigam, médica residente recién elegida, trabajaron en un estudio para observar cómo el SARS-CoV-2 afecta al cerebro y a los nervios.

Ente los síntomas neurológicos más comunes se encuentran la pérdida del olfato y el gusto, que podrían ser las primeras pistas de que alguien tiene COVID-19.

Otros de los posibles síntomas incluyen dolor de cabeza, mareos, pérdida del conocimiento, debilidad, convulsiones, parálisis, derrames cerebrales y más.

Cabe señalar que se sabe que el virus se propaga a través de partículas en el aire, por lo que primero ingresa al cuerpo mediante la nariz y boca.

Cuando lo anterior ocurre, es probable que el virus atraviese potencialmente la placa cribiforme, el hueso en la parte superior de la nariz, para alcanzar el bulbo olfatorio que alberga el nervio olfativo y sus ramas.

Si el SARS-CoV-2 daña estos nervios, la persona puede perder el sentido del olfato. Si el virus invade también directamente las papilas gustativas, puede evitar que las fibras nerviosas transmitan señales al cerebro y hacer que una persona pierda el sentido del gusto.

Y aunque señalan que esto es una hipótesis, un estudio indica que hasta el 88 por ciento de 417 de los pacientes que dieron positivo a COVID-19 tenían ese mismo tipo de síntomas. La mayoría se recuperó en dos semanas, sin problemas neurológicos en curso.

La otra hipótesis tiene que ver con un receptor de proteína llamado enzima convertidora de angiotensina, conocida como ACE2, que se encuentra en las células de todo el cuerpo en los pulmones, riñones, vasos sanguíneos, músculos, nariz y boca.

Se cree que en la nariz y la boca el virus se une a los receptores ACE2 en las células nerviosas sensoriales y las bloquea para que no faciliten el olfato y el gusto.

ACE2 ayuda también a mantener la presión arterial y protege el corazón y el cerebro del daño. Su función es reducir los niveles de una molécula llamada angiotensina II. Los niveles de angiotensina II se acumulan, los vasos sanguíneos se contraen y reducen el flujo sanguíneo a los órganos y podría dañarlos.

Los médicos investigadores señalan que, ya sea que se trate del cuerpo o del cerebro, la mayoría de síntomas no parecen provenir directamente del virus, sino más bien, de la respuesta inmune ultracelosa del cuerpo para combatir el SARS-CoV-2.

“La historia de cómo un virus de este tipo, con tan poca información genética, puede causar estragos en nuestro sistema nervioso es realmente fascinante”, indicó el doctor Majid Fotuhi, director médico del NeuroGrow Brain Fitness Center y el personal afiliado de Johns Hopkins Medicine.

Asimismo, se descubrió que algunos pacientes con COVID-19 tenían el síndrome de Guillain-Barré, que es un trastorno nervioso que puede provocar parálisis. Apuntan que aquí los anticuerpos, formados en respuesta al virus, reaccionan a las proteínas que se encuentran en los nervios, causando daño.

El médico Fotuhi enfatiza que cada persona responde al virus de manera diferente: «Hay personas que tienen una respuesta mesurada al virus y su sistema inmunitario puede controlarlo sin reaccionar de forma exagerada», dijo.

 

Fuente:CNN/Foto:Archivo/JAC

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