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María Guadalupe Martínez Barrientos es originaria de Orizaba, pero su trabajo y la pasión por salvar vidas y resguardarlas hizo que ahora lleve cinco años laborando en el hospital 35 de Cosamaloapan en el área de Emergencias Respiratorias. Con 27 años de edad ha visto morir a sus pacientes y otros más salir delante del virus Covid-19.

Aunque su hospital no es del área Covid-19, existe este módulo especial donde se atiende a las personas con dificultades respiratorias que tienen la sintomatología en lo que se ve su traslado médico a Orizaba o Córdoba. Hace años puso una pausa en la carrera de enfermería buscando incursionar en la psicología, sin embargo, pudo más su temple de salvar vidas y cuidar de quien más lo necesite, por ello en 2015 egresó de la Facultad de Enfermería de Orizaba.

“Es gratificante ver cómo algunos pacientes son trasladados a los hospitales Covid-19 y con el paso de los días saber que están bien o que por nuestros propios ojos volvamos a verlos; muchas veces nos agradecen los cuidados y dicen acordarse de nosotras por la voz y los ojos que es lo único que pueden identificar”, dijo María Guadalupe. Pero así como hay casos de recuperación, muchos de éstos tristemente llegan a fallecer ante sus ojos y cuando eso ocurre, las enfermeras se acercaron hasta ellos, les hablan, les dan consuelo y entre palabras, señas y gestos nos dejan mensajes para sus seres queridos, pues nosotras somos las últimas que ven. El Hospital 35 de Cosamaloapan es pequeño, por eso en el área MER únicamente llegan a tener aproximadamente seis pacientes por enfermera.

Contando con el respaldo y a la vez preocupación por parte de sus familiares, María decidió dejar un tiempo de lado su familia para poder hacer lo que de vocación aprendió, pues en ella cada día está el miedo de contagio, pero más fuerte son las ganas de salvar vidas.

“Cada que entramos a turno somos propensos, pero tenemos las medidas sanitarias necesarias para evitarnos el contagio, cuando salimos del módulo de emergencias respiratorias pedimos que nos saniticen, nos quitamos el traje, procedemos a tirarlos y nos bañamos, al salir del hospital pasamos por el arco sanitizante y nos colocamos gel y cubrebocas”, explicó.

María Guadalupe tiene una niña de nombre Natalia, de 3 años de edad, quien ahora está en casa de sus abuelos paternos con su papá, pese a que habla con ella por videollamada todos los días, lleva más de un mes sin verla y poder darle un abrazo.

Mi hija me dice que me cuide, que me extraña, habla poco por la edad, pero por lo regular siempre es eso, me enseña dibujos de mírelató

Menciona que en ocasiones las trabajadoras sociales del hospital les hacen entregas de cartas, dibujos, saludos o mensajes que los familiares les llevan, pues como se sabe independientemente de los doctores y enfermeras, nadie puede entrar a ese módulo.

Dijo que ha visto partir a compañeros y conocidos y este virus no perdona a nadie.

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