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La señora Rosa Elva Santoyo llora la muerte de tres de sus hijos; dos estaban internados en el anexo de Irapuato donde se registró una masacre y uno más llegó a entregarles un refresco

CIUDAD DE MÉXICO.

El dolor invade a las familias de las víctimas en el anexo de Irapuato que fueron ejecutadas la tarde del miércoles por un comando armado.

La señora Rosa Elva Santoyo tiene que llorar la muerte de tres de sus hijos. Dos estaban internados en el anexo y uno más había llegado a darles de comer.

“Omar hubiera cumplido un mes, el mayor, el de 39 años, y mi Hugo Cristian salió, cumplió los 4 meses y salió el 16 de junio, pero volvió a recaer  en los vicios e hizo ocho días que yo lo regresé a ese lugar; Giovani, él cumplió ahí su proceso de 4 meses, hoy  hubiera cumplido cinco meses afuera,  ya mi Giovani, él le iba a llevar un refresco a sus hermanos y ahí le tocó a mi hijo, también”, comentó la madre de los jóvenes.

Los hijos de Rosa Elva y don Miguel estaban en rehabilitación, pues eran adictos a las drogas.

“Se drogan, se drogaban, pues uno como padre quería verlos bien  y uno ve cuando un hijo anda mal por eso los metimos”, agregó la mujer.

Ellos piden un castigo justo, aunque no confían en las autoridades.

“Pues estamos tristes pues, pues que se pongan más al tiro porque, pues no dejaron a nadie, se hacen pendejos, pues yo pediría matarlos también”, comentó Erick Regalado, hermano de las víctimas.

Sus cuerpos serán velados en la colonia Arandas, a dos cuadras del lugar del ataque. En tanto, la Fiscalía ya realiza la investigación correspondiente para esclarecer el hecho.

 

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