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Adriana, una mujer indocumentada de 40 años, quien vive en Nueva York, al tener seis meses de gestación se contagió de COVID-19, lo que comprometió su salud con tal gravedad que debieron inducirle a un coma en busca de salvar su vida y la de su bebé.

La decisión de los médicos buscaba prolongar el embarazo, debido a que la bebé no cumplía ni los siete meses mínimos para considerar la posibilidad de nacer.

Sin embargo, Adriana tuvo una severa baja en los niveles de oxígeno en sus pulmones, por lo que decidieron traer al mundo a la pequeña, pues al nacer, su desarrollo no comprometía la demanda respiratoria de la madre.

A las 29 semanas de gestación, la pequeña vio la luz, pesó menos de 1.5 kilos y aunque debió pasar semanas en incubadora, no tuvo secuelas por la interrupción de su desarrollo en el vientre materno y dio negativo a las pruebas de COVID–19.

Adriana despertó del coma el día de su cumpleaños 41 y al certificar la mejoría de su salud, los médicos le dieron la noticia que dos días atrás había nacido su pequeña hija, a quien llamará Lia.

 

Fuente: El Heraldo/Foto: Archivo/atf

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