Publicado en ACAYUCAN, Destacado, ESTATAL, REGIÓN SUR.

Erick Vidaña.- Cuando pase el confinamiento, escápate a conocer esta hacienda, en la que además de estar en contacto con la naturaleza, podrás conocer su historia, montar a caballo, comer unas quesadillas o tlacoyos en el área de comedores o si vas con tus amigos, también hay asadores para armar la carnita. ¡La entrada es gratuita!

Aquí te cuento un poco de la historia de este lugar.

Hace un tiempo, me encontraba de visita en Texcoco, Estado de México. Estando ahí, supe de la existencia de un sitio tal vez poco conocido en el que, durante la época prehispánica, se encontraban los jardines botánicos del rey Nezahualcóyotl.

Atraído por conocer el lugar y su historia, llegué a la antigua hacienda “Molino de Flores”, construida después de la llegada de los españoles a México en 1567. Desde que atravesé la entrada principal, pude percibir lo importante que llegó a ser durante su época de auge, pues lo imponente de cada una de sus construcciones (como el tinacal, la tienda de raya, el horno de pan, macheros, portero, cochera, molino, casa principal, casa de visitas, la iglesia de San Joaquín y la capilla del Señor de la Presa) te van dando pinceladas de lo que en algún momento fue un importante centro de producción de harina de trigo y pulque.

Según algunos datos que me contaron en la visita, el origen de la hacienda se dio a través del soldado español Juan Vázquez, quien fundó ahí una fábrica de telas que se utilizaban para vestir a los santos de las primeras iglesias en México. Después se estableció un molino de trigo para la elaboración de pan. Hasta que, a mediados del siglo XVII, Don Antonio Urrutia de Vergara, regaló el inmueble a su yerno Antonio Flores de Valdés por casarse con su hija, por lo que, desde entonces, se le conoce como Molino de Flores.

La hacienda siguió en auge hasta la época porfiriana, tiempo en el que se producía gran parte del pulque que abastecía a la Ciudad de México. Sin embargo, durante la Revolución Mexicana, la propiedad fue abandonada sufriendo un fuerte deterioro que la dejó casi convertida en ruinas, hasta que, en 1937, y dada la importancia histórica para el país, el presidente Lázaro Cárdenas decretara la declaración del lugar como Parque Nacional.

Molino de Flores es de uno de los rincones de este país que cuando conoces la historia que atesora en sus pasillos, te vuelven parte de él provocando volverte un #FanDeMéxico.

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