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Quintana Roo. – Aparte de graves daños al turismo, medio ambiente, economía e imagen de Quintana Roo, el sargazo deja un vasto saldo de daños colaterales a pescadores

Pescadores de langosta, peces de escama, camarón, moluscos y crustáceos se han visto afectados debido a la disminución de población en las especies por la toxicidad del alga; lo mismo ocurre con el tiburón ballena y la tortuga marina, cuya migración se reduce.

Así lo evidencia un inventario preliminar de daños elaborado por MILENIO junto con investigadores, productores, pescadores y responsables de áreas protegidas, afectadas por las invasión masiva de sargazo que desde el año pasado recala en playas quintanarroenses.

Aunque el secretario del Ambiente de Quintana Roo, Alfredo Arellano, dijo desconocer reportes de impactos en esos rubros, reconoció que “en los arrecifes la contaminación orgánica y de nutrientes que genera la descomposición del sargazo produce sombra sobre los pastos marinos, reduce la capacidad de fotosíntesis y favorece la reproducción de bacterias y patógenos que enferman a las colonias coralinas”.

El secretario de la sociedad cooperativa Langosteros del Caribe, Marcelo Loria, declaró que las masas de sargazo depositadas en los litorales, al entrar en descomposición, generan tóxicos que matan a las langostas. El año pasado las pérdidas económicas del sector langostero fueron importantes. Desesperados, los pescadores movieron sus trampas de captura de aguas someras a zonas profundas para evitar la muerte del crustáceo, que aquí es de la especie Panulirus argus.

En Quintana Roo la langosta ocupó —según el último censo— el primer lugar de la producción pesquera estatal, con un valor de 56 mil 292.4 mil pesos por temporada, que equivalen a 44.8 por ciento del total. El biólogo marino y jefe de la Policía Ecológica de Puerto Progreso, Yucatán, Gerson González Ac, expuso que la pesca es uno de los sectores más afectados por el sargazo, que “cambia por completo el ecosistema marino matando innumerables especies”.

Explicó que la descomposición de las algas muertas, en grandes volúmenes, genera, en primera instancia, un aumento elevado de la temperatura marina y exceso de nutrientes en el mar, fenómeno que ocasiona cambios en las corrientes.

“Esto afecta a toda la pesca. El sargazo descompuesto, aceleradamente por el calor, libera componentes químicos altamente corrosivos que provocan el olor fétido a huevo podrido de la biomasa, que al acumularse en la playa produce bacterias para su propio proceso y oxígeno que toma del ambiente.

“Con esto se encarece el oxígeno para todas las especies de flora y fauna marinas, y debido a ello se da una falta de éste que provoca estrés y muerte en el mar por sobresaturación de residuos orgánicos y falta la luz en el lecho marino”, el agua pierde transparencia y se hace turbia, transformando el ecosistema completo”, explicó González Ac.

De 2011 a 2018 la producción pesquera se redujo en más de mil toneladas. De 4 mil 828.20 kilos de diversas especies bajó a 3 mil 807.06, y el número de pescadores disminuyó 40 por ciento. El presidente de la Federación de Cooperativas Pesqueras del estado, Baltazar Gómez Catzín, declaró que en 2017 la producción fue de 580 toneladas, cifra menor a la de 2016, cuando fue de 3 mil 800 toneladas.

Las especies de escama de Quintana Roo son de las más apreciadas en México, principalmente el mero, el bonito y el dorado. La pesquería más castigada es la del pulpo, que de 645 toneladas levantadas en 2011 cayó a 199 en 2017, y en la temporada de enero a septiembre de 2018 fueron apenas 28 toneladas. El camarón atraviesa iguales circunstancias. El promedio de pesca registrado desde 2011 fue de 991.59 toneladas por temporada; en 2016 se extrajeron 129 y en septiembre de 2017 se reportaron solo 28 toneladas, según los registros oficiales de las pesquerías.

Por su parte el tiburón ballena, una de las grandes atracciones turísticas del estado. Es el pez más grande del planeta y es inofensivo para el humano, pues se alimenta de plancton por filtración; al año atrae a miles de familias que llegan con sus niños, sobre los que ejerce una mágica fascinación. Christopher González Baca, a cargo de la dirección regional de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas en el Caribe Mexicano, dijo que este año la temporada del tiburón ballena —de agosto a mediados de septiembre— depende del sargazo.

“Si bien no hay evidencia formal, creemos que esta alga puede afectarnos mucho. Hemos encontrado que su descomposición genera mayor presencia de organismos dinoflagelados causantes de la marea roja, que potencialmente modifican la calidad del agua y el plancton que lo alimentan”, explicó.

En la isla de Holbox, la más cercana a sitios de veraneo de esos ejemplares, los prestadores de servicios dicen que este año será muy difícil hallarlos, a menos que cambien las condiciones ambientales y climáticas. González Baca dijo que la autoridad entregó más de 400 autorizaciones y permisos en las tres áreas protegidas en Yum Balam, donde se registra el turismo con el tiburón ballena y sus santuarios.

 

Con información de Milenio.

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