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Don Miguel López estaba en su negocio, uno de los balnearios más concurridos de esta zona donde hace calor casi todo el año, cuando alcanzó a escuchar los disparos; su corazón empezó a palpitar más rápido, su hijo había ido a comprar limones a unas cuadras.

Una persona llegó hasta el negocio para decirle que Miguel estaba entre los heridos de la balacera que apenas había ocurrido, entonces corrió hasta la calle Justo Sierra, en la entrada principal a Tuzamapan.

Todavía encontró con vida a su hijo Miguel López Gerón de 31 años de edad, y padre de un niño, estaba ahí tirado junto a su amigo Manuel que lo había acompañado a comprar rejas de cítricos, porque se dedicaba al comercio.

“Para mi es doloroso. Yo llegué, fue cuando me avisaron, llegué, llegué, y mi hijo estaba tirado lleno de sangre. Apenas me acabo de cambiar, así anduve” dice el padre de familia tras salir de una reunión  realizada en el salón ejidal de Tuzamapan, en la que estuvo el presidente municipal de Coatepec, Luis Enrique Fernández Peredo y los regidores.

Don Miguel, -así lo conocen los turistas que acuden al balneario- mira su camisa y su pantalón, están limpios, pero trata de explicar que su ropa anterior se manchó de la sangre de su hijo, porque llegó, lo vio herido y lo cargó para subirlo a la camioneta y  trasladarlo a un hospital donde murió más tarde.

“Me han criticado mucho, porque yo personalmente cargue a mi hijo, llevaba cuatro balazos mi hijo, lo levanté y lo subí a la camioneta para llevarlo a un hospital, porque tardaron infinidad, infinidad, que porque no había recursos, que porque no había ambulancias, y porque no hay seguridad en Tuzamapan. Exigimos justicia son cinco muertos y cuatro heridos”, exige el hombre que por más de 20 horas trajo puesta la ropa con la sangre de su hijo.

Afectado emocionalmente, por los hechos ocurridos el jueves alrededor de las 15:40 horas, el padre resalta el cariño que su hijo Miguel sentía por su amigo, que yacía tirado en la calle, junto a él,  también herido por las balas.

“Yo estaba lleno de sangre, mi hijo estaba lleno de sangre y sus palabras nunca las voy a olvidar, porque me están retumbando acá: Papi, ayúdame papi, no me dejes papi… Yo lo iba a levantar y me dice: No, a mi no, a Manuel primero, a Manuel mi amigo… Yo sé lo que les digo. No le deseo a nadie lo que en carne propia yo viví”, dice Don Miguel mientras se agarra la cabeza.

Las versiones señalan que varios hombres en dos camionetas llegaron al filo de las cuatro de la tarde al puesto de limones y lo rafagueron. En total en el lugar se levantaron 115 casquillos de diferentes armas, algunas de uso exclusivo del ejército.

Señala que al presidente municipal le exige justicia, porque todos eran hombres dedicados a la compra y venta de limones, y ahora dejan hijos, hijas, familias sin ingresos.

“Necesitamos que nos apoyen, porque se maneja mucho dinero en Tuzamapan y no hay seguridad. Lo que fue ayer es por un ajuste de cuentas, pero no por cobro de (piso), ni por móvil de dinero. Ya se lo expliqué al alcalde fue por un pleito en el carnaval de Jalcomulco, allá mataron a un muchacho, allá fue el pleito, el papá dijo que se iba vengar porque es un mafioso. Mi hijo nada tiene que ver, estaba ahí porque había ido a comprar limones, ese es un lugar de trabajo, ahí trabajaba todos los días” afirma.

Tuzamapan, se localiza a 45 minutos de Jalapa, a 30 minutos de Coatepec, y tiene una temperatura promedio durante todo el año de entre 30 y 35 grados centígrados, motivo por el cual, parte de su desarrollo económico son los balnearios con la llegada de turistas cada fin de semana, así como la producción, compra y venta de limón.

Este lugar es uno de los más socorridos por los capitalinos y coatepecanos para refrescarse en alguno de los balnearios, pero este fin de semana, se duda que lleguen los turistas, a consecuencia del ataque armado, señalan los lugareños.

La calle Justo Sierra, es la entrada al pueblo, incluso hay un letrero panorámico de una empresa cervecera que dice “Bienvenidos a Tuzamapan”, y es aquí donde por años, los comerciantes del limón persa se colocan con sus camionetas y sus rejas a ofrecer el cítrico, recién cosechado y que se produce por las condiciones tropicales de la región.

Han transcurrido 20 horas del ataque armado, y en la vía principal, donde ayer se daba la vendimia, hoy se encuentran tres veladoras, dos apagadas y una con una flama que trata de sobrevivir al viento y los perros que se acercan a olfatear, y a lamer la sangre que quedó derramada de las nueve víctimas.

A dos calles del atentado, se encuentra uno de los cinco velorios repartidos en el pueblo, y a cinco calles de la entrada principal, se ubica el salón ejidal, dónde el presidente municipal, Luis Enrique Fernández Peredo se reunió con algunos de los familiares afectados.

Tenemos miedo, no se vale vivir así 

En el parque central de Tuzamapan, se ve a la gente reunida en pequeños grupos, y en las calles se observa a los hombres del campo, que regresan con el azadón en los hombros, y el machete que cuelga de la cintura.

Geraldi Ruiz es la esposa de Oscar Alberto Suanez Fernández, el tenía 25 años y fue asesinado ayer. Ella no habla, sólo escucha lo que dice Antonio Hernández, quien es amigo de su esposo y de su mamá.

Los tres se congregaron en el parque de Tuzamapan, ahí expresaron su miedo, dolor, enojo y preocupación porque Oscar era el sostén de su esposa, y sus dos hijos, de ocho años el mayor y de un año y medio el más pequeño.

“Tenemos mucho miedo, mucho miedo, y no se vale vivir así, si las autoridades no fallarán, nosotros no estaríamos así, no es justo, quisiéramos que hicieran el trabajo que les toca hacer” expresó la suegra de Oscar Alberto.

Geraldi Ruiz cuenta con 27 años, pero no trabaja, se casó, tuvo sus dos hijos con Oscar, y él llevaba el ingreso, así que ahora no sabe qué va a pasar con ella.

“No, nunca he trabajado, mi esposo estaba al frente de nosotros y como la niña está chiquita no salía, ahora tengo que buscar la manera, porque mis hijos necesitan cosas. Ahorita vamos a velar, aun no lo han traído, está en Xalapa en Periciales, él se dedicaba a la compra de limón, él estaba ahí y eso pasó” expuso la mujer joven y  viuda.

Afuera de uno de los velorios, se observa a otro grupo de hombres que consumen aguardiente con refresco de toronja y adentro, apenas se ven tres mujeres, inmersas en sus pensamientos, que son interrumpidos por un helicóptero color blanco, que sobrevuela el pueblo y una patrulla de la secretaría de Seguridad Pública estatal que da vueltas en las calles, pero cuando se retiró el alcalde y los regidores, el vehículo también se marchó.

 

 

Fuente y foto: AVC/eap

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