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La joven que no conoce su edad, ni su nombre completo, sufre convulsiones y no tiene los recursos para su tratamiento; vive con una familia que la adoptó de niña
Cuajinicuilapa.

Juana tiene un machete en una mano y con la otra, de vez en cuando, toma una rama del suelo sin dejar de discutir con Juan, su entonces pareja. “Irá cállate mejor, mejor… ¡te salvaste de mí, maldito!”, grita molesta Juana. La discusión continúa. Edson Tobón la está grabando. Después, esa discusión fue subida a las redes sociales; se hizo viral. El video provocó miles de “me gusta”, de compartidas y cientos de risas. Meses más tarde, esa frase fue utilizada para hacer una cumbia y apenas se convirtió en uno de los memes más vistos, por lo menos en Guerrero.

Ahí ya era conocida como Juana La Costeña por otros videos.

Ese día, Edson Tobón cortó la grabación cuando se dio cuenta que Juana comenzó a jalarse los cabellos, a tirar machetazos y a perder el conocimiento.
Juana no estaba enfadada, no quería agredir a nadie. Se estaba convulsionando: cayó al suelo y perdió el conocimiento durante unos 20 minutos. Cuando volvió en sí, se paró y se metió a su cuarto a dormir. Cada vez que convulsiona termina agotada. Esa fue una de las crisis que sufre recurrentemente.En las redes sociales, Juana genera muchas sonrisas, mucha diversión, pero en realidad su vida no tiene nada de divertido.

 

Sin recuerdos

Estamos sentados en el patio de la casa del matrimonio Tobón Cisneros cerca del centro de Cuajinicuilapa. Son las 12 de la tarde y el calor de la Costa Chica de Guerrero es sofocante. No hay forma de refrescarse un poco.

De un cuarto externo a la casa principal sale Juana con su actual pareja, Victorio Hernández Rodríguez, un joven de 21 años, afromestizo del pueblo de Santo Domingo, que conoció hace un año en el velorio de su bisabuela paterna, Conrrada Bustos Baños.

Se unen al grupo que ya estaba platicando en el patio.

—¿Cómo estás Juana?, la saludo.

—Bien, contesta apenada.

—¿Cuál es tu nombre completo?

Se queda callada, sólo encoge los hombros en señal de no saber qué decir.

Juana no sabe sus apellidos ni tampoco su edad, dice que tiene 21 años. Su tía Martha Ríos Robles dice que su nombre completo es Juana Lorenzo Montesino y, a lo mucho, debe tener 18 años.

Su rostro coincide más con la edad que dice su tía, pero es difícil definirla porque no cuenta con el acta de nacimiento.
Juana tiene dificultades con retener los recuerdos y datos importantes, uno de ellos son los apellidos de su hijo Osvaldo.

 

De un lugar a otro

Hace 10 o 12 años, Juana llegó a la cabecera municipal de Cuajinicuilapa. Tenía, tal vez, unos ocho años. Tocó la puerta de la casa de su abuela Adela Robles Bustos y se presentó como la hija de Alberto Miranda Robles.

La abuela la aceptó en su casa. Juana llegó a Cuajinicuilapa de su pueblo San Juan del Llano. Su mamá la envió con una vendedora de jitomate porque no tenía dinero para seguir pagando su crianza.

Su abuela tampoco estaba en condiciones para sostenerla, pero aun así Juana se quedó. Una forma de mantener a la niña, fue enviándola con sus vecinos, el matrimonio conformado por Marisela Cisneros Guzmán y Valerio Tobón Cruz.

Los Tobón Cisneros la aceptaron, tanto que ahora forma parte de su familia.

“Con doña Adela siempre nos llevamos bien, nos vimos como buenos vecinos y yo sabía lo complicado que era para ella mantener a Juana, por eso nosotros le hablábamos para que nos ayudara con algunas cosas y para que comiera con nosotros”, dice Marisela Cisneros sentada en el patio de su casa.

Juana ahora vive con los Tobón Cisneros. Pero desde pequeña se convirtió en una nómada: unas temporadas las pasa con su mamá en San Juan del Llano, otras en Cuajinicuilapa y un tiempo en Santo Domingo, el pueblo de su padre.

En ese tiempo, Juana conoció a su padre.

Con los Tobón Cisneros, Juana se ha integrado: ayuda en los quehaceres y en la venta de plátano horneado que prepara Marisela, pese a que se le dificulta hacer sumas.

“Una vez se fue a vender los plátanos, le di 20, a 10 pesos cada uno. Ese día no llegaba. Hasta que alguien nos dijo que Juana estaba en una pozolería bailando. Cuando llegó venía media tomada y le salió a la puerta mi esposo”, cuenta Marisela Cisneros.

“Apá, vengo borracha pero con el dinero completo”, atajó Juana al señor Valerio Tobón antes de que le llamara la atención.

“Sí traía los 200 pesos de los plátanos”, recuerda la mujer.

La familia Tobón Cisneros ha estado cerca de Juana en los últimos años. Han tratado de ayudarla a disminuir con sus convulsiones. Recuerdan que cuando era niña, hasta cuatro veces al día se convulsionaba.

Aún no saben bien cuál es el padecimiento que tiene Juana; ningún médico la ha diagnosticado y ahora toma un medicamento que le recetaron en el hospital general de Ometepec, pero ni Juana ni ellos supieron el nombre porque no encontraron la envoltura. Juana no cuenta con el dinero suficiente para ir a un médico ni para pagar su tratamiento.

Las pastillas que toma las paga con ayuda de los Tobón Cisneros y con lo que le dan por las fotos que se toman con ella.

En los últimos años, cuenta Marisela, las convulsiones han disminuido.

“Es difícil estar atentos de Juana porque pasa temporadas aquí y luego se va y no sabemos nada de ella”, dice Marisela.

Una vez, cuando regresó de una de sus ausencias, Juana sorprendió a todos.
“Juana, ¿estás embarazada?”, le dijo Marisela. “No”, respondió Juana, pero el vientre abultado la delató.

 

La fama

A la casa de los Tobón Cisneros llegan decenas de personas preguntando por Juana. Unos para conocerla, saludarla o tomarse una foto con ella. Otros más, con la intensión de grabarla justo cuando esté contando una de sus historias.

También, la buscan grupos musicales para que los acompañe en sus conciertos e, incluso, a sus giras; llegan además dueños de restaurantes para que cuando sea la apertura del establecimiento o un evento especial, Juana esté bailando, esté amenizando el evento.
Últimamente la buscan administradores de páginas de Facebook para hacerle un video, subirlo y así ganar audiencia.

En ocasiones, le pagan unos 500 pesos, sus pasajes y sus comidas. En algunos casos el pago son cervezas.

Desde el primer video viral de Juana, su vida tomó notoriedad, pero en lo sustancial muy poco ha cambiado.
La primera vez que subieron un video de Juana fue en junio de 2016. Edson, el hijo mayor del matrimonio Tobón Cisneros, dice que fue por error.

Esa vez, grabó una discusión entre Juana y Juan y se la mandó a una tía que vive en los Estados Unidos. Ya le había enviado otros, pero éste, afirma Edson, se equivocó y lo montó en Facebook.

“Recuerdo que yo me fui a la escuela y cuando regrese y entre a mi Facebook tenía muchos like, comentarios y solicitudes de amistad”, dice Edson.

El video había sido un revuelo en las redes. Después subió otros más.

Edson conocía perfectamente la relación de Juana con Juan, muchas veces los escuchó discutir en la casa de su abuela y también en cuando vivieron en la casa de los Tobón Cisneros; sabía los motivos de las peleas.

Los videos donde Juana se desenvuelve mejor son precisamente los que ha grabado Edson; porque sabe cómo provocarla.

 

El hijo

Osvaldo Lorenzo Montesino tiene cuatro años, estudia el segundo grado de preescolar y vive en la comunidad de San Juan de Llanos, con su abuela Agripina Lorenzo Montesino, la mamá de Juana.

El niño es criado por su abuela y no por su madre. La razón es el estado de salud de Juana: las convulsiones, la falta de memoria, los cambios constantes de humor, todo eso le impide cuidar de su hijo.

La señora Agripina mantiene el control de la crianza, el cuidado y la educación de Osvaldo. Cuando Juana quiere sacar a Osvaldo de San Juan de los Llanos, se lo impiden.

A Osvaldo la familia Tobón Cisneros no lo conoce, el único que lo ha visto es Edson, cuando una vez se trasladó a San Juan de los Llanos porque Juana le dijo que necesitaba ayuda porque el niño se había lastimado el brazo. Cuando llegaron a la casa de la madre de Juana, Edson apenas y pudo ver al niño, de lo que sí logró darse cuenta es que sólo tenía unos raspones por un caída que había sufrido, pero nada grave.

Osvaldo es un niño sano, no tiene ningún padecimiento, pero con él se está repitiendo la historia de Juana: niños creciendo lejos de sus padres y lejos de las oportunidades.

 

 

Fuente: El Universal.

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