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El gobierno de Islandia ha autorizado recientemente la caza de 2130 ballenas por los próximos cinco años, decisión que ha sido fuertemente criticada

El Gobierno de Islandia ha decidido continuar con su política de permitir la caza de ballenas estableciendo una nueva cifra de 2130 ballenas para los próximos cinco años.

A pesar de pertenecer a la Comisión Internacional de Caza de Ballenas, que desde 1987 ha prohibido la caza de estos mamíferos, el Gobierno islandés continúa desafiando estas políticas con justificaciones legales.

A lo anterior se añade la precaria situación del mercado mundial de carne de ballena, cuya demanda y ventas han decaído bastante en los últimos años.

Sin embargo, Islandia ha autorizado esta polémica práctica al menos por los próximos cinco años, fijando una cuota que amplía la caza de ballenas aleta (Balaenoptera physalus) a 209, en contraste con las 161 autorizadas en 2018; mientras que el número de ballenas Minke (Balaenoptera acutorostrata) permitido disminuyó de las 262 permitidas el año pasado a 217.

El Ministro de Pesca, Kristjan Thor Juliusson, argumenta que «la población de ambas especies goza de buen estado y que la caza durante las últimas décadas no ha tenido efectos negativos importantes en los stocks».

Esta declaración, que además omite datos como el número preciso de ballenas que habitan los mares islandeses, se basa en el nuevo informe ballenero elaborado por el Instituto de Investigación Marina de Islandia, que ha sido elaborado principalmente por el Dr.Oddger Á. Ottesen y cuya metodología y conclusiones han sido bastante cuestionadas.

Ottesen fue diputado de un partido político -al que por cierto también pertenece Juliusson- que siempre ha manifestado abiertamente su postura a favor de la caza de ballenas.

Estos nexos políticos, así como el cuestionable informe, han sido razones de gran peso que alimentan las críticas a la reciente autorización emitida por el gobierno.

De igual manera, grupos de activistas se oponen categóricamente debido a la amenaza que dicha práctica supone para las especies en cuestión.

Incluso en materia de turismo se ha demostrado la poca rentabilidad de la caza de ballenas. Un estudio reciente elaborado por la Universidad de Islandia asegura que actividades como el avistamiento de ballenas generaron ingresos de 3,2 billones de coronas islandesas en 2017, en contraste con la caza que sólo generó 1,7 millones de coronas.

 

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