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El activista y director teatral Juan Francisco Kuykendall Leal, quien fue víctima de una agresión que le resultó en una fractura craneoencefálica en una de las varias manifestaciones del primero de diciembre de 2012, donde miles de ciudadanos se expresaron en contra de la toma de posesión de Enrique Peña Nieto y, derivado de esa lesión falleció el 25 de enero de 2014 al sufrir un paro cardiorrespiratorio.

 
Tres meses antes de su muerte, Juan Francisco Kuykendall Leal se encontraba internado en el Hospital General de Zona número 30, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde su estado de salud ya era crítico desde hace mucho tiempo, explicó Eva Palma, pareja sentimental de la víctima al diario La Jornada.

“Ya estaba muy desnutrido, con escaras (costras) muy profundas, y como usaba sonda para orinar y comer, las infecciones lo empezaron a atacar. Apenas el viernes que fui a verlo noté que ya tenía muchas dificultades para respirar”, contó Palma.

De acuerdo con el diario, desde que sufrió la herida en las protestas del día en que Peña Nieto se convirtió en presidente, el activista recibió atenciones en varias clínicas del IMSS, incluido el Centro Médico Nacional Siglo XXI, de donde fue dado de alta luego de que se diagnosticara “estable”.

“La reflexión que me queda es que hombres tan productivos y tan preocupados por la cultura, como Kuy, quien fue activista desde los años 70, no merecen terminar como él por culpa del Estado, por hombres como Peña Nieto, (Migue Ángel) Osorio Chong o Manuel Mondragón, que fueron quienes ordenaron el operativo aquel día”.

Cabe mencionar, luego de recibir un proyectil en la cabeza, el cual pudo ser una bala de goma o una granada de gas lagrimógeno, Kuykendall Leal resultó fracturado en el cráneo, por lo que perdió parte de la masa encefálica.

“Es muy injusto el sistema capitalista, y finalmente mi compañero cae en la lucha, pero nos deja su ejemplo, su legado, y lo vamos a reivindicar, como adherentes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Él cayó en batalla por sus ideales”, recalcó Palma.

Tras su muerte, amigos, compañeros y familiares del activista señalaron que esto muestra la impunidad en México, además de ser un mensaje del gobierno anterior con el que pretendía atemorizar a los grupos disidentes.
 

Además, los hijos del fallecido luchador social, Rodrigo y Fernanda Kuykendall Chávez, dieron a conocer una carta en donde lamentan su fallecimiento, donde también expresaron su orgullo por el amor, la honestidad y el valor demostrados por él.

“Por un lado, sentimos amargura por la sombra del hecho por el cual él partió. Por el otro, nuestro corazón está lleno de luz y alegría al saber que hay cosas indestructibles, y que la verdad nos hace libres. Hoy, Kuy, estás más allá del bien y del mal, de la luz y las sombras”, manifestaron.

Por su parte, la abogada de Kuykendall Leal, Bárbara Zamora, afirmó que este caso muestra de la “absoluta falta de justicia” que sufren las víctimas, pues hasta la ahora no se ha responsabilizado ni se ha citado a comparecer a ningún elementos policíaco por estas agresiones suscitadas el primero de diciembre de 2012.

“La Procuraduría General de la República (PGR) está propiciando la impunidad total de este crimen, tanto de los policías que participaron como de sus jefes, quienes ordenaron el uso de armas con balas de goma y granadas de gas lacrimógeno, que fue lo que le provocó a Kuy una lesión irreversible en el cerebro”, puntualizó.

Desde diciembre de 2012 y ante la gravedad de sus lesiones, Kuykendall fue inducido a coma y desde entonces no consiguió rehabilitarse ni recuperar plenamente la conciencia.
 
Incluso, el 8 de marzo de 2013 ingresó a la Unidad de Medicina Física del IMSS, hospital Colonia, donde recibió una terapia de rehabilitación, de lenguaje y física; los neurólogos advertían que el activista quedaría con secuelas en el sistema nervioso central.
 
Pero, los últimos días del luchador social los vivió internado en el Hospital General de Zona número 30, de dicho instituto.
 
Con información de La Jornada

 

 

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