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Mediante “viento iónico”, científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (ITM, por sus siglas en inglés) lograron construir el primer avión sin partes móviles, es decir, sin hélices, álabes de turbina o ventiladores, además de que no depende de combustibles fósiles.

El viento iónico es un flujo silencioso, pero poderoso, que se produce a bordo del avión, y que genera suficiente empuje para impulsar la aeronave en un vuelo sostenido y constante, tecnología que es importante porque el primer avión tomó vuelo hace más de 100 años.

De acuerdo con un comunicado del MIT, se espera que con la propulsión iónica, junto con sistemas de combustión convencionales, sea posible en un futuro crear aviones de pasajeros híbridos más eficientes en combustible.

Hace unos nueve años, Steven Barrett, profesor asociado de aeronáutica y astronáutica en el MIT, inició este proyecto y se involucró en el estudio de “viento iónico”, también conocido como empuje electroaerodinámico, un principio físico que se identificó por primera vez en la década de 1920.

En este proceso se describe un viento que puede producirse cuando se pasa una corriente entre un electrodo delgado y uno grueso. Si se aplica suficiente voltaje, el aire entre los electrodos puede producir suficiente empuje para impulsar un avión pequeño.

El diseño final del equipo se parece a un planeador grande y liviano. El avión, que pesa alrededor de 5 libras y tiene una envergadura de 5 metros, lleva una serie de alambres delgados, que están colgados como cercas horizontales a lo largo y debajo del extremo delantero del ala.

Los cables actúan como electrodos cargados positivamente, mientras que los cables más gruesos, dispuestos de manera similar, se extienden por el extremo posterior del ala del avión y sirven como electrodos negativos.

Además, tiene una pila de baterías de polímero de litio, y la fuente de alimentación permite un voltaje suficientemente alto para impulsarlo. De esta manera, las baterías suministran electricidad suficiente para cargar positivamente los cables a través de un convertidor de potencia liviano.

A medida que la nube de iones recién formada fluye hacia los cables cargados negativamente, cada ión choca millones de veces con otras moléculas de aire, creando un empuje que impulsa el aeroplano hacia adelante.

Los científicos volaron el avión una distancia de 60 metros y reportaron que produjo suficiente empuje iónico para mantener el vuelo todo el tiempo.

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