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En una carta abierta en tono y dureza inauditos, un alto cardenal de la Curia Romana replicó hoy a las acusaciones contra el Papa de supuestamente encubrir los abusos contra menores del exarzobispo estadunidense Theodore McCarrick.

Luego que la sala de prensa del Vaticano publicó, la víspera, su primera respuesta oficial a los señalamientos del exnuncio apostólico en Estados Unidos, Carlo María Viganò, este domingo y en una misiva de tres páginas, Marc Ouellet desmontó una por una las tesis del antiguo embajador papal.

El prefecto de la Congregación para los Obispos de la Santa Sede, dirigió su mensaje específicamente a Viganò y lo llamó a abandonar “su rebelión abierta y escandalosa, que provoca una herida muy dolorosa a la esposa de Cristo”.

“Sal de tu clandestinidad, arrepiéntete de tu rebelión y vuelve a los mejores sentimientos hacia el santo padre, en lugar de alimentar la hostilidad contra él”, escribió.

El 26 de agosto pasado, en un memorial de 11 páginas, Viganò acusó directamente al Papa y a otros funcionarios vaticanos de alto nivel de encubrir los abusos de McCarrick, excardenal y arzobispo de Washington entre 2001 y 2006.

Este sábado la Santa Sede precisó en una nota que, recién apenas hasta finales de 2017 llegó a Roma una primera denuncia formal de abuso de menores contra el purpurado y, tras haberla mandado a investigar, Francisco lo separó del cardenalato en julio pasado.

Ahora, en su misiva difundida por la oficina de prensa vaticana, Ouellet explicó con mucho detalle las inconsistencias en los dichos de Viganò.

“Tu actual posición me parece incomprensible y extremadamente reprobable, no sólo con motivo de la confusión que siembra en el pueblo de Dios, sino porque tus acusaciones públicas lesionan gravemente la fama de sucesores de los apóstoles”, precisó el cardenal francés.

El exnuncio en Estados Unidos pidió directamente la renuncia de Jorge Mario Bergoglio al papado sosteniendo que, el 23 de junio de 2013, él mismo le había hablado al Papa de los comportamientos reprobables de McCarrick.

Al respecto, Ouellet recordó que aquel día Francisco, que llevaba tres meses de pontificado, concedió audiencia a muchos otros nuncios, recogiendo entonces una “cantidad enorme” de informaciones verbales y escritas.

“Dudo fuertemente que McCarrick le haya interesado al punto que tu quisieras hacer creer, considerando que era arzobispo emérito de 82 años y ya desde hacía siete no tenía cargo”, dijo.

“Desde el 30 de junio de 2010, que soy prefecto de esta Congregación, nunca llevé en audiencia ante el Papa Benedicto XVI o el Papa Francisco el caso McCarrick, salvo en estos últimos días, después de su renuncia al Colegio de Cardenales”, añadió.

Con esas palabras, el prefecto dejó constancia que la situación del arzobispo estadunidense nunca fue sometida a la consideración de ninguno de los últimos dos papas, sobre todo porque hasta Roma habían llegado sólo rumores y ninguna denuncia formal.

Agregó que entonces, a diferencia de ahora, no existían pruebas suficientes de una presunta culpabilidad y por eso la congregación a su cargo actuó con prudencia, pidiéndole al cardenal “un estilo de vida discreto de oración y penitencia, por su mismo bien y por el de la Iglesia”.

Pero esta recomendación, que se le transmitió a McCarrick verbalmente, no constituía una sanción formal. Ouellet confirmó que no existen documentos firmados ni por Joseph Ratzinger, ni por Bergoglio, que impusiesen al cardenal la obligación de retirarse al silencio y a una vida privada.

Por eso, siguió, “es falso” presentar esas medidas como “sanciones” que fueron decretadas por Benedicto XVI y anuladas por Francisco, como Viganò sostuvo en su escrito, en el cual también afirmó que Francisco había hecho del cardenal abusador su consejero personal.

“Nunca escuché al Papa hacer alusión a este supuesto gran consejero de su pontificado para los nombramientos en Estados Unidos, incluso cuando él no esconde la confianza que le otorga a algunos prelados”, precisó Ouellet.

“Considero aberrante que aproveches el escándalo clamoroso de los abusos sexuales en los Estados Unidos para asestar a la autoridad moral de tu superior, el sumo pontífice, un golpe inaudito e inmerecido”, continuó.

Más adelante, el prefecto de los Obispos reconoció que hubo errores en las diversas promociones eclesiásticas que recibió McCarrick a lo largo de los años para guiar las diócesis de Nueva York, Metuchen, Newark y Washington, pero recordó que todas ocurrieron cuando Francisco no era Papa y nada tuvo que ver con ellas.

Explicó que las decisiones de cada pontífice se dan con las informaciones que tiene en cada momento, pero aclaró que su juicio “no es infalible” y, en el caso del excardenal estadunidense, el clérigo en cuestión “supo defenderse con gran habilidad de las dudas levantadas en su contra”.

“El hecho que puedan existir en el Vaticano personas que practican y sostienen comportamientos contrarios al evangelio en materia de sexualidad, no nos autoriza a generalizar y a declarar indigno o cómplice a este o aquel, incluido el santo padre”, abundó.

Ouellet manifestó su deseo, por respeto de las víctimas y exigencia de justicia, que las investigaciones en curso en los Estados Unidos y en la Curia Romana ofrezcan finalmente una visión crítica completa de los procedimientos y de las circunstancias de este caso, para que hechos así no se repitan.

“Acusar al Papa Francisco de haber encubierto este presunto predador sexual y de ser, por lo tanto, cómplice de la corrupción que existe en la Iglesia, al punto de considerarlo indigno de continuar su reforma, me resulta increíble e inverosímil desde todos los puntos de vista”, estableció.

“No llego a comprender como has podido dejarte convencer de esta acusación monstruosa que no se sostiene. El Papa Francisco no tuvo nada que ver con las promociones de McCarrick y lo destituyó de su dignidad cuando se hizo evidente una acusación creíble de abuso contra menores”, sentenció.

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