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El Papa Francisco insistió hoy a un grupo de 43 obispos de Venezuela que se mantengan siempre junto al pueblo, pese a la crisis económica y política que azota su país.

Justo el día de la Virgen de Coromoto, la patrona venezolana, el pontífice recibió en privado por más de dos horas a los obispos, quienes estos días llevan a cabo su visita “ad limina apostololrum” al Vaticano, una gira periódica de información a los organismos de la Curia Romana y al Papa.

“Los obispos nos topamos con problemas muy graves, se lo informamos al Papa Francisco”, reveló en conferencia de prensa José Luis Azuaje, presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y arzobispo de Maracaibo.

En el diagnóstico presentado destacó la hiperinflación que anula toda la ganancia de los trabajadores, el hambre “que se quiere ocultar”, la falta de medicamentos y la migración en masa, que afecta tanto la unidad familiar como la misión pastoral de la Iglesia.

El prelado denunció que, ante la actual situación, muchos sacerdotes y hasta enteras comunidades religiosas se han visto obligadas a salir del país, mientras otros no pueden ingresar o permanecer porque no les conceden las necesarias visas.

“Cuando los sistemas políticos se hacen poderosos, se sirven a sí mismos y no al pueblo, eso lleva a una desestructuración de todas las instituciones y poderes democráticos. Esto es lo que sufrimos hoy, hay casi un quiebre del alma en el pueblo venezolano”, siguió.

En el diálogo con el obispo de Roma también se abordó la imposibilidad de abrir un canal humanitario para hacer llegar alimentos y medicinas procedentes de muchos países del mundo, que desean ayudar a Venezuela, pero no tienen cómo porque el gobierno se niega a reconocer la crisis interna.

“El Papa nos animó a seguir trabajando en la migración, en la Amazonía, en la dignidad de la persona humana, en la comunión. Nos insistió mucho la cercanía al pueblo venezolano, especialmente a los que más están sufriendo todas estas calamidades, tocar el sufrimiento y hacerlo en comunión episcopal”, dijo.

“Cercanía que significa desprendimiento muchas veces de categorías que podríamos tener nosotros para darle cabida al otro, significa activar en nuestras diócesis todo lo posible para atender estas necesidades de la gente”, apuntó.

Aclaró que esto no significa que los obispos venezolanos abandonen su misión, especialmente aquella que incluye la denuncia con valentía de “todo lo que daña al ser humano”, con los riesgos que eso conlleve. Se trata, abundó, de un “Dios profético” que los puede llevar hasta el martirio y eso, insistió, “es válido”.

En la cita, sostuvo, también se habló de los presos políticos o de conciencia y sobre la “inhumana situación carcelaria”. Aseguró que, sobre eso, existe preocupación tanto en Francisco como en los obispos, quienes constantemente reciben noticias sobre represión y el uso excesivo de la fuerza pública.

“(Francisco) manifestó su cariño inmenso, su corazón está con el pueblo venezolano. Esperemos que en días venideros pueda dedicar una palabra para Venezuela”, anticipó.

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