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Monseñor Dario Vigano, el jefe italiano del departamento de comunicaciones del Vaticano que fue atrapado en el llamadoescándalo ‘Lettergate’, renunció, dijo el miércoles el Vaticano.

En una breve declaración, la Santa Sede, dijo que el papa Francisco había “aceptado” la renuncia de Vigano, pero una fuente dijo que el prelado había recibido la orden de retirarse, lo que significa que fue despedido.

Vigano, de 55 años, cuyo título formal era Prefecto de la Secretaría de Comunicaciones, había sido duramente criticado por difuminar parte de una fotografía en una carta del Papa emérito Benedicto XVI y citarla selectivamente una semana antes de publicar todo el texto el sábado.

El episodio lanzó una sombra sobre el Vaticano y fue un fiasco de las relaciones públicas, particularmente porque a principios de este año, el Papa escribió un documento sobre los peligros de las “noticias falsas”.

EL ESCÁNDALO

La tarde del 12 de marzo y en la víspera del quinto aniversario de la elección papal de Jorge Mario Bergoglio, el Vigano leyó públicamente una carta del Papa emérito Benedicto XVI durante la presentación –en la sede de la Radio Vaticana- de una colección de 11 libros intitulada “La teología del Papa Francisco”.

En el texto, el pontífice emérito celebraba la iniciativa editorial porque – escribió – buscaba “oponerse y reaccionar” al “necio prejuicio” según el cual el Papa argentino “carece de particular formación teológica o filosófica” y él mismo, Benedicto XVI, era sólo un “teórico teólogo que poco habría entendido de la vida concreta del cristiano de hoy”.

Los libritos demuestran con razón que el Papa Francisco es un hombre de profunda formación filosófica y teológica, y ayudan por este motivo a ver la continuidad interior entre los dos pontificados, aún con todas las diferencias de estilo y de temperamento”, agregó.

Pero el comunicado oficial, firmado por la Secretaría de Comunicación, no incluyó el texto integral de Benedicto, sino que recortó los dos últimos párrafos en los cuales Ratzinger declinaba abiertamente escribir un comentario sobre los libros y hacía comentarios críticos.

Además, junto con el boletín, la Santa Sede difundió una fotografía “artística” de la carta dónde se mostraba completa una de las hojas, la segunda aparecía extrañamente oculta bajo los libros de la colección, dejando ver sólo la firma del Papa emérito y, además, dos líneas no se podían leer porque habían sido difuminadas de manera artificial.

La operación no sólo representó un recorte a los dichos de Joseph Ratzinger, sino que sirvió para presentar públicamente la idea de un espaldarazo abierto del Papa emérito a su sucesor.

Pero la maniobra se descubrió pronto.

En los días posteriores, la prensa descubrió la existencia de párrafos omitidos y tras una intensa presión, el Vaticano publicó la versión integral de la carta el sábado 17 de marzo. El propio Viganó reconoció que se dejaron de lado “algunas anotaciones”, pero sostuvo que no hubo “intento alguno de censura”.

Con el texto original se confirmó que, en los párrafos ocultos, Benedicto XVI cuestionó la presencia de Peter Hünermann entre los autores de los comentarios a la teología de Francisco, siendo que durante el anterior pontificado, ese teólogo alemán se caracterizó por “haber capitaneado iniciativas antipapales” y “atacó en modo virulento la autoridad magisterial del Papa”.

El escándalo de estos últimos días fue bautizado ‘Letteragate’ en la Curia romana y es ya el peor resbalón de la actual estructura comunicativa del Vaticano, reformada por voluntad de Francisco en un proceso tortuoso de varios años.

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