Publicado en ACAYUCAN, Destacado, Especial.

Acayucan.— Falleció la mañana de hoy la distinguida periodista Eva López, una mujer de lucha y de gran amor por la escritura; colaboró con diversos medios con su columna «Las Letras de Eva»‘. Falleció en hogar en la calle Ocampo en el centro de la ciudad, aquejada por diversas enfermedades. Le sobreviven sus hijos Ramón y Maritza.

 

DOÑA EVA UNA MUJER PERIODISTA: (Esperanza Arias/Diario del Sur/10 de octubre de 2010)

Si hablamos de mi trayectoria -dice soña Eva López Robinson- tengo mas de 30 años en el periodismo, Llego oficialmente al diario del Sur en 1980, y digo oficialmente porque dos años antes tras banbalinas, cuando don Ramón (Vela) era jefe de redacción estuve trabajando, y de manera anónima enviaba notas a El Crisol, tendría yo 18 años y mandaba mis escritos, Y después, ya recién casada con don Ramón, en 1969 por medio de él escribí en la Opinión de Minatitlán.

En el Sur estuve en varias etapas, llego en el 78 estando el licenciado Gutiérrez y con él me toca trabajar en una época en que no había mas mujeres, era la única reportera y por lo mismo era tan difícil ser aceptada, esa fue una de las cosas con las que me enfrenté con los funcionarios y con los mismos compaeros, no asimilaban el hecho de ver a una mujer haciéndoles la competencia.

Por ese tiempo, cuando uno iniciaba se comenzaba a reportear en la fuente policiaca, recuerdo que estuve tres meses en la nota policiaca, me tocó vivir un poco de stress porque la sangre y los muertos no van comnigo.

Era una época en que en el anfiteatro del hospital estaba oscuro, ho había luz, tenía uno que audarse con una lámpara para poder tomarles la foto a los difuntos y andar saltando sobre ellos, porque como solo había una plancha los ponían en el piso.

Se me grabó tanto mi primera experiencia que no la quería repetir, pero el Licenciado adoraba mis fotografías porque decía que eran artísticas, yo le decía ¿Yque cosa tienen de artístias? “Si, tiene usted muy buen ojo para la fotografía” -respondía, ¡Yo no veía la hora!. Y a los seis meses por fin me sacaron de allí.

La impresión

Te voy a hablar de lo que era en si el proceso de la edición e impresión. Se usabn hojas de papel revolución muy largas y se escribía en aquellas viejas máquinas Remington que nunca olvido; después se le pasaban al linotipista que havía sus lingotes y luego las pasaba sovre un sacapruebas, ponía un papel revolución de una cuartilla y le pasaba un rodillo, y cada quien corregía sus notas. ¡Pobre linotipista! porque donde había un error en una línea, si estaba mal una palabra tenía que rehacer todo el párrafo, era todo un rollo eso.

Para las fotografías compraban unos magazines grandes de película y tenían una cámara que no era como las de ahora, eran cámaras manuales, ni siquiera automáticas, así que cada mañana era llegar, checar que tuviera rollo y salir a trabajar. ya por la tarde regresar con las tomas. Por ese entonces don Adrián Medina era que que revelaba e imprimía las fotografías.

Recuerdo el fotograbador que habia, era una máquina de las primeras que se usaron, tenía un rodillo y se le daba vueltas y empezaba a imprimir, en metal, porque el polímero fue posterior, pero ¡ah! lo que tenía el Sur era lo mas nuevo, lo máximo.

El Chaparro

En ese tiempo ya estaba el “Chaparro” (Ricardo Gutiérrez Carlín) desbaratando cosas, nunca se me olvida que se metía a revolverles los tipos a los formadores, se usaban acrílicos grandes y los muchachos se enojaban porque les hacía un desastre. Era todo muy bonito, porque era un equipo humano en continuo contacto y ahí si en realidad éramos como una familia, hoy como lo he comentado antes, los medios se han modernizado tanto que todos escribimos desde la casa, y claro, puedes estar viendo al compañero por medio de una cámara web, pero ya no es lo mismo. En ese entonces se podía tomar el cafecito en los ratos de descanso, soltar el chascarrillo o mandar a buscar las empanadas para cenar. Todo eso se ha perdido.

La vida es otra, son otros los tiempos, pero creo que los resgos siguen siendo los mismos, o quizá mas ahora por el crimen organizado, mas los tiempos idos tampoco estuvieron extentos de peligros, tengo un sinfín de anécdotas, las guardo, y a veces pienso que cuando uno es joven es imprudente, eso es propio de la juventud, porque ya tenía a mis hijos y me expuse varias veces, eso si, padeciend, sin seguro de vida ni seguro social, nada, solo el sueldo.

De ese tiempo recuerdo a un licenciado Gutiérrez al que yo le agradezco, aprendí de él muchas cosas, una de ellas fue que nos hacía ser responsables de l qeu nosotros escribíamos, nos señalaba cuando algo no estaba bien y el que quisiera a aprender que bueno, y el que no pues ahí se se quedaba.

El era muy estricto, nos decía que cada cual era responsable de lo que havía incluyendo la publicidad, porque cada quien hacía la suya, claro, no había los medios de ahora para el diseño, er apuro texto lo que se havía, y como no había corrector cada uno debía corregir sus errores.

Los nombres

De aquellos periodistas, directores, formadores, linotipiestas que pasaron por el Diario del Sur recuerdo a Carlos Guillén Tapia como uno de los primeros, conocía todavía a Isidro Ibáñez, a Elio del Mar, el profesor Alfredo Celis del Angel, don Enrique Reyes Grajales, Margarito Santiago, que era corresponsal en Jáltipan, el “Güero” (Jorge) Marín, don Adrián Medina, Marco Antonio Medina, Maximiliano Macedonio que estaba en talleres y después pasó a ser reportero, José Arana Alvarado, Anita Carpenter que hacía sociales, Román Quiñones, Ramón Vela, Arturo Reyes Isidoro, José Valencia, Gustavo Cadena, Jesús Gutiérrez, Gustavo González Godina, Salvador Muñoz, Clemente Villegas, Gregorio Pavón Sánchez en los deportes, No era mucha gente, estoy hablando de colaboradores de direrentes épocas, no era tanta la gente en el medio.

Tengo presentes como parte del equipo al chofer del lienciado, el inseparable Memo Limón, y también a Juan Cóbix, él trabajo muchísimos años con ellos. Pablo Antonio Bóler y después Francisco, su hijo, por una termporada corta. Hubo personas que como llegaron se fueron, no descubrieron una vocación.

La Fotografía

Hoy se ve a los reportoros y todos traen una cámara, en ese tiempo no, pocos tenían, a mi fue lo primero que me enseñaron a manejar y esa cámara me dió satisfacciones para tambien me puso en apuros. Nunca olvido una anécdota muy graciosa, me mandaron porque venía el gobernador Agustín Acosta Lagunes por aquello del programa Veracruz, Granero y Yunque de la Nación, venía al Club de Leones y pues yo muy propia me voy al evento, llego como todos los días al periódico, jalo la cámara y me voy al evento, dando codazos como tiene uno que hacer para tomar la mejor foto, y la cuestión fue que me chuté todoe l acto que tardó como dos horas, en un club llenísimo y que sudaba uno por todos lados.

Regreso en la tarde al Diario ya con la cámara, se la dejo a don Adrián y me pongo a hacer la nota. El Licenciado enseguida empezó a preguntarme: “¿Y como estvuo el evento?, platíqueme”. Porque él hacía su columna, En eso veo a don Adrián acercarse, estaba pálido, me habla y me dice: “Ay doña Eva, no se ni como decirle, en la mañana no vine temprano (porque una de sus tareas era cargar diariamente con película la cámara). Y resulta que la cámara ¡no llevaba rollo!, y yo a tome y tome fotos…

Le dije: le voy a decir al licenciado entonces. Y me contestó: “no yo lo hago” y dicho y hecho, le dice: “Licenciado, me fui anoche muy tarde de aquí, me dormí y no vine temprano para cargar la cámara”.

Ay, se enojó muchísimo el Licenciado, pero afortunadamente se pudo solucionar el problema porque don José Arana andaba en el evento con una c´amarita y pues eso nos salvó, ¡una foto del difunto Arana!. Eran diferentes en aquellos años las cosas, porque se cuidaba mucho la exclusividad y nadie te proporcionaba una foto o una información, y además si no la tenía el Diario del Sur no la podía tener nadie, al contrario, siempre le pedían al diario.

Ahora todo es man sencillo, veo que por ejemplo los funcionarios no se inmutan al ver una grabadora, en ese tiempo tu sacabas una grabadora y enmudecía el funcionario, no querían hablar, se sentían intimidados, e giaul pasaba con la cámara, era muy difícil tomar las fotografías.

Recuerdo my bien la primera entrevista que hice, era con un hermiano de Florencio Azúa Gallegos, lo mandaron aquí, le dieron un cargo en el ramo del agro. Fue mi primera entrevista, tenía seis meses en la policiaca y ese día me sacaron ya a la blanca. Me dice el LIcenciado: “Esque a usted le gustan los retos y la voya mandar a esa entrevista, la va a apoyar don José Arana con la fotografía”.

Me dan la grabadora y mi libretita y ahí voy. Me presento con el señor y lo encuentro con una cara larga, yo estaba tensa, entro a la oficina y le digo:

-Buenos días, vengo del Diario del Sur.

-Ah, si, me informaron que venía usted a hacerme una entrevista.

-Si, pero le pido un favor, cambie su carita porque ¿sabe una cosa?, es mi primera entrevista y, discúlpeme, pero me asusta.

Veo que respira hondo, se relaja y me dice:

-Discúlpeme usted a mi, también es mi primera entrevista y estoy nervioso.

Acabamos siendo los grandes amigos, y después de tanta plática con José Arana, aburrido, nadamás daba vueltas porque ya le había tomado fotos desde todos los ángulos posibles.

Visión de Acayucan

No sólo por ser ser una mujer inteligente sino por ser oriunda de esta ciudad, Eva López Robinson puede relatar interminablemente sucesos, recordar personas, entretener con anécdotas y describir físicamente el antes y el ahora de Acayucan. Y eso hace a pedido de Diario del Sur. Se adentra en el ayer, lo mezcla con el presente y nos deja la convicción de que el futuro será mejor.

La economía

La economía no estaba como ahora, se vivía mejor, por lo menos había lo que no tenemos ahora que es la seguridad, la gente podía caminar a media noche en la calle, irse al café no había ningún problema. La política era menos cochina que ahora, había un poquito mas de cuidado entre los políticos y la prensa también era diferente. Hoy veo a los compañeros y no, no es lo mismo, quizá porque en ese tiempo eran gentes mayores: Carlos Guillén, ya estaba don Enrique Reyes, creo que de los jóvenes de esos teimpos estaba el “Güerito” (Jorge) Marín, yo no estaba tampoco tan vieja, aunque no era una chamaca. Pero si, era muy diferente a lo que se vive hoy.

Acayucan tenía siempre ha tenido ese movimiento por la cercanía de municipios aledaños, la gente bajaba acá a comprar, a hacer movimientos de banco, creo que era muy tranquilo, algo muy bonito porque en verdad se notaba que la gente estaba tranquila, que no había mayores problemas, que había conianza en la policía, lo que hoy ya no existe, había confianza en las autoridades, lo que hoy tampoco se da, y en ese sentido era muy diferente.

Todo se organizaba bien, algunas de las cosas que se perdieron fueron los jefes de cuartel, los jefes de manzana, que precisamente los gobiernos se apoyaban en ellos y su labor era mas completa porque, lo cual ya no es así con tantos medios en la actualidad, a través de los jefes de cuartel mandaban las circulares, los comunicados, todo lo manejaban de esa manera, sus disposiciones las daban a conocer así, yo veía mas organización.

Otra de las cosas que recuerdo, porque tenía costumbre de hablar a la Cruz Roja, al hospital, a mis fuentes cuando me tocó la policiaca, es que todo el tiempo atendían los teléfonos, ahora yo no se si la Cruz Roja tiene teléfono o no, porque cuando estaba el “Chato” (Hilario) Gutiérrez (por largos años presidente del patronato de esa institución) ¡ni con eso contestaban!, en el hospital no te contestan, si quieres saber de algún paciente nunca te contestan el teléfono.

Cuando se acabó la paz

Hablando de las diferencias entre el pasado y hoy en día, creo que aquí la tranquilidad se rompió cuando llegó Cirilo Vázquez allá por los 80′s, ahí fue cuando comenzó el problema de que la gente tenía miedo de salir a las calles, un poco de todo lo que vemos ahorita.

Luego decían “no es Cirilo, es su gente”, pero era lo mismo. El estaba allá en El Mangal y no se daba cuenta de nada, pero por acá su gente andaba haciendo y deshaciendo, y si, por algo que le sucedió una vez a son Ramón (Vela) (compañero de toda la vida de doña Eva) me di cuenta de qye atendía a las personas que se quejaban. Ramón fue a poner una queja porque una de las personas que andaban con Cirilo, iba en un coche, ebrio, y le apuntó con una pistola a don Ramón. El se fue a quejar y Cirilo en ese momento llamó al que agravió y lo puso en su lugar, lo castigó.

Lo malo de esa epoca es que cuando llega él, y claro, como todo y como sigue siendo, mucha gente habla mal de Cirilo, mucha gente habla bien, pues apoyaba mucho, si es cierto, la gente de los patronatos de las escuelas, todos iban con él, creo que mas que al ayuntamiento iban al Mangal a pedir. Recuerdo qe se hablaba de la relacio´n entre los políticos y él, porque los políticos se cuidaban mucho, no se abrían a veces sabíamos los reporteros que tenían contacto con él, pero ellos se cuidaban mucho de hacerlo público.

Alcaldes

Trabajé con David Dávila y una parte mínima con Vicente Obregón Velard (1980-1982), en el 82 muere don Vicente Obregón y queda el doctor Lino Lara Prieto, que era el síndico, queda como presidente interino. Lino Lara termina, creo que fueron seis meses nadamás. Después llega el contador ramón Roca (82-85), después David Dávila Dominguez (85-88) y enseguida Calixto Patraca Ramón (89-91).

Con el licenciado Dávila trabajo en la jefatura de prensa. Después de Calixto Patraca es presidente Maximiano Figueroa Guillén (92-94) y me toca también estar en prensa, igual que con el doctor Radamés (Trejo)  (95-97), pero con él solo estuve seis meses.

Después gobierna Cesáreo Ortiz Peñaloza (98-2000), eran los tiempo en que yo todavía reportaba diario, me tocó un poquito con el doctor Joel Alarcón Huesca (2001-2005). Y de manera intensiva me tocó trabajar en el periódico paralelamente a los gobiernos desde Vicente Obregón hasta Radamés Trejo, por ese entonces escribía para El Liberal.

Acayuqueños

Las afmilias acayuqueñas son las mismas, sólo que eran mas jóvenes, dice doña Eva soltando la risa. En ese teimpo vivía doña Necha (Inés) Jara, y por ese tiempo que empecé a trabajar don Rubén Domínguez era todo un personaje, muy involucrado en la política y que prácticamente se necesitaba la bendición de él para acceder a un puesto público, vivía él, vivía su esposa…

Otras familias del centro eran don ARmando Pabón con Carmelita, ahí siguen los dos con nietos y creo que hasta bisnietos han de tener. Recuerdo bastante a doña Beda Aguayo, viuda de Cordero, una señora a la que supuestamente mataron, fue muy sonado ese crimen. Su esposo Pancho Cordero murió primero.

La fisonomía de la ciudad

Cambiaron algunas cosas en el centro, todavía hasta hace unos doce años, hablando de la fisonomía del centro lo que es ahorita el hotel Los Arcos era el hotel San Miguel, muy diferente, ahorita todo está remodelado, tan modernizado como cmabió también el hotel de don Joaquín Pavón con sus remodelaciones. Ese sector donde vivía doña Beda también se modificó ahora hay otro tipo de construcción y tiene otros dueños.

Hablando del centro, d los comercios que permanecen, la farmacia Sagrado Corazón que ahora se llama Garysa, la San Martín ahí sigue, es la de siempre, Ha habido transformaciones. En cuanto a las fachadas muchas son las mismas construcciones viejas que solo se remodelaron, aún está en pié el hotel viejísimo que fue de los primeros, el Hidalgo que sigue funcionando pero su entrada está por el lado de la Pípila, el que desapareció fué el Victoria, por esos días estaba el callejoncito po donde está La Mexicana, era viejísimo, lo conocí cuando era niña porque los dueños eran mis tíos, demoró muchísimos aos hasta que llegó La Mexicana y construyó ahí.

Donde ahora están los famosos Pérez había una antigua tienda de la familia Barragán, de Rubén Barragán, no recuerdo si todavía en los 80 estaba porque ya comenzaban los supermercados a funcionar, esa tienda era de mostrador de madera, como la tienda de la Esperanza (ubicada en la calle Moctezuma) que ya va a cumplir 50 años, la dueña es mi prima Carlota Maldonado. Curiosamenet, cuando era niña mi papá nos mandaba a comprar ahí con los Barragán, antes de estar en la esquina donde está ahora una tienda de ropa ahí estaba la tienda de don Julio Pavón, hace mushísimos años, era la competencia de la tienda de los Barragán, igualmente era de mostrador, y La Esperanza surge de la tienda de don Joaquín Pavón, por el dueño, Andrés Baruch, esposo de Carlota Maldonado, padre de Andrés Baruch y suegro de Manolo Pabón Ríos que era empleado de la tienda, y después ellos comienzan con una tiendita y van agrandando. Me gusta La Esperanza porque conserva su estado original, hace como un mes pasé por ahí, entré a buscar una sartén de fierro que desde cuando ando queriendo, platiqué con mi prima y le dije: “me remontaste a otro mundo”, ví ahí un morral como el que usaba mi papá para ir al mercado y las bombas para petróleo que él hacía porque era artesano, los candiles, todo eso lo hacía.

Aparte de eso, platicando con ella le dije que a mi la sal yodatada, refinada, no me gusta mucho, no es muy reconmendable para la salud, y recordé que en la tiena de los Barragán vendían una sal de segunda que le llamaban la sal grusa, tal como la sacaban de la salina, y resulta que descubro que Carlota compra por cajas de madera esa sal de segunda. Entonctré también el almidón de yuca que era lo que ocupábamos para picaduras de los bichos, para las rozaduras y para almidonar las crinolinas, la ropa de cama, pues ella vende almidón de yuca.

Vende mucahs cosas que ya no es fácil encontrar, las alcanforinas para las cucarachas, machetes, palas, picos, bueno, ahí encontré un protector para el bastón de mi hermana Aurora que no se consiguió en otro lado, Esa tienda es una pequeñez, pero tan bien surtida que no hay cosa que no encuentres ahí.

Si han cambiado algunas cosas, antes no había tantas tortillerías como ahorita que ya hasta tienen repartidores en moto, estaba la tortillería de don Joaquín Barragán, creo que fue de las primeras, él fue de los primeros en vender huevos, aunque normalmente los comprábamos con las canasteras que venían de las comunidades y vendían de casa en casa la fruta, el tomate que ellas sembraban, no había nada en esas camionetas con mercancía traia de Puebla que se estacionan allá por la Antonio Plaza, no, aquí se consumís lo producido localmente. ERa una afluencia enorme de mujeres vendiendo, es cierto que siguen vendiendo, pero ahora se abastecen de las camionetas.

Totopostes y chagalapoli

Hay una señora que viene de San Andrés y distribuye a las canasteras productos de allá como el epazote, ese es el bueno, tomate chiquito, totopostes, chagalapoli (fruta de la cual se hacen paletas, vino, agua) que acá ni se conoce. Esa mujer es un personaje.

Hay algo que se había perdido: los panaderos que salían por la tarde y hacían sonar sus tijeras en la calle, y la variedad de pan, eso se acabó con la llegada de las panificadoras, La Esmeralda principalmente, que fue la primera, la gente empezó a tomar el hábito de ir a comprar a la panificadora y tal pareciera que las panaderías con horno de leña habían desaparecido, pero a raiz d eque el pan subió ahorita son bastante socorridas.

Puedo hablar del centro, del parque, cuando tenía sus árboles que a alguien se le ocurrió cortar porque se llenaban las copas de bichitos. Eran otros tiempos, Acayucan lucía y era diferente. Se vivía con tranquilidad, eso es lo que echamos de menos ahora.

14699854_1441609409202486_1228997197_n

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *