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Masafumi Nagasaki, una especie de Robinson Crusoe, vivió 29 años solo y desnudo en la isla de Sotobanari, en Japón, hasta que las autoridades lo obligaron a salir.

En 1989 Nagasaki, de 82 años y fotógrafo de profesión, decidió dejar atrás su pasado y se propuso vivir el resto de sus días en la isla, que los pescadores de la zona rara vez visitaban.

Un día un tifón arrasó todas sus pertenencias, incluida su ropa, y desde entonces se dio cuenta que era innecesario estar vestido.

Quienes lo conocían lo bautizaron con “ermitaño nudista” o lo compararon con Robinson Crusoe, versión nipona.

La rutina de Nagasaki en su isla incluía pasar la noche en un rudimentario campamento, hacer gimnasia y mantener limpia la playa.

Checaba el tiempo con un reloj de pulso que mantenía colgado en un árbol y viajaba a una isla cercana a comprar provisiones con 80 dólares mensuales que le donaba su hermana.

El occidental que más se acercó, y tal vez el único que conoce la actual residencia de Nagasaki, es Álvaro Cerezo, explorador y empresario turístico malagueño que ofrece a sus clientes sobreviviente de un naufragio en una isla solitaria.

Cerezo, fundador de la agencia de viajes Docastaway, con sede comercial en Hong Kong, también busca náufragos reales o voluntarios por el mundo y en 2014 convivió una semana con el excéntrico japonés y grabó su visita en video.

Nagasaki aparece en el video como un anciano de cuerpo fibroso tostado por el sol que camina, nada y se sienta desnudo con el desparpajo de un aborigen.

Nagasaki manifiesta su desconfianza hacia los visitantes por ser potenciales portadores de virus peligrosos para él.

Explica que dejó de pescar por respeto a la naturaleza y desearía no tener que matar los molestos mosquitos–, afirma que la isla lo transformó y considera que los “peores males de la civilización son la religión y el dinero”.

La única vez que se sintió algo cercano a la tristeza fue cuando vio un pájaro muerto y su ideal es morir solo en la isla, sin molestar a nadie. Reacio a casi toda la tecnología no usa pantallas y el único invento sin el cual no podría vivir, asegura, es el encendedor.

Según algunos blogs japoneses, Sotobanari era propiedad de una fallecida pareja taiwanesa cuyos herederos, tras ver un reportaje sobre el inofensivo intruso, pidieron a las autoridades expulsarlo.

Otras fuentes aseguran que el desalojo se produjo por razones humanitarias ya que el Robinson Crusoe japonés se encontraba muy débil y estaría hospitalizado o en otra isla.

Para Cerezo, el desahucio se produjo después de que un programa de la televisión japonesa estilo reality emitiera un episodio frivolizando la experiencia de Nagasaki.

Por temor a que la zona se llenara de programas similares o turistas, los vecinos de las islas le pidieron a Nagasaki cambiar de lugar.

Actualmente, al parecer, ha retomado su estilo de vida en otra playa para cumplir su sueño de morir en paradisíaca soledad.

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