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Los padres de más de dos mil niños migrantes que fueron detenidos al cruzar la frontera de Estados Unidos desconocen a dónde fueron llevados sus hijos.

Los niños fueron registrados con tres distintos números y llevados a distintas instalaciones del gobierno sin que informaran a sus padres del lugar preciso a donde los enviaron.

Después de que el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva para poner fin a la separación de familias sin documentos, organizaciones de migrantes alertan que el reto será que los niños regresen con sus padres.

Más de dos mil niños han sido separados de sus familias. Han experimentado un trauma complejo que significa trauma sobre trauma. Trauma que tardará una vida entera en resolverse”, advirtió Christina Patiño Houle, coordinadora de la red Voces Unidas.

Ésta es una de las zonas fronterizas más peligrosas entre México y Estados Unidos.

Aquí empezó la historia de quienes fueron alcanzados por una triple tragedia: huir de la violencia de su país. Cruzar expuestos a crímenes de todo tipo. Y llegar a su destino para llorar la separación.

Organizaciones consideran que reunir a las familias separadas pondrá en evidencia la falta de coordinación entre dependencias del gobierno.

Cuando llegan a las instalaciones de aduana y patrulla fronteriza reciben un número, es como un número de seguimiento. Pero ese número sólo corresponde a la patrulla fronteriza. Después de que el niño pasa al Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos (HHS) o pasa a la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), recibe un número diferente que no coincide con ninguno de los sistemas. Así que es muy complicado rastrear a dónde va el niño”, añadió Christina Patiño Houle.

Este lugar conocido como la perrera, en McAllen, Texas, es la segunda parada después de la detención.

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