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CAYUCO COMPLETO

 

“Ganar no lo es todo, es lo único.” – Vince Lombardi

Ricardo Anaya sí ganó el debate, pero no solo en las encuestas telefónicas levantadas inmediatamente después del ejercicio, sino en el indicador más importante: las preferencias electorales. Anaya fue el único candidato que registró un aumento en su respaldo electoral después del debate. Según la encuesta de Reforma, elaborada por Lorena Becerra y copatrocinada por Grupo Radio Centro (aclaro que colaboro para los dos medios), el candidato de Por México al Frente ganó cuatro puntos porcentuales. No es un aumento menor. No se redujo, sin embargo, el apoyo del puntero, Andrés Manuel López Obrador, quien se mantiene en primer lugar con 48 por ciento de las preferencias efectivas, 18 puntos arriba de Anaya.

Por lo pronto, la afirmación de Anaya de que él es la verdadera opción ante López Obrador parece confirmarse en esta encuesta. José Antonio Meade no solo no ha repuntado, sino que tuvo un ligero descenso después del debate. Los dos candidatos independientes también perdieron terreno.

Es notable la visión popular de que el presidente Enrique Peña Nieto está interviniendo en la elección. Sesenta y uno por ciento de los encuestados lo dicen, contra solo 18 por ciento que dicen que se ha mantenido al margen. No hay señales de que lo haya hecho, y si lo ha hecho lo ha hecho muy mal. Sin embargo, la propaganda sobre la mafia del poder ha calado en la sociedad.

La encuesta señala las dificultades de derrotar a López Obrador. El 48 por ciento de los entrevistados tiene una opinión buena o muy buena del tabasqueño. Es por mucho el mejor registro de cualquier candidato. La imagen negativa del pasado se ha borrado. López Obrador registra una opinión mala o muy mala solo del 26 por ciento de la población, la cifra más baja de cualquier candidato. Jaime Rodríguez, El Bronco, y Meade son los candidatos con peores evaluaciones personales.

¿Significa esto que López Obrador ya ganó la elección? Las encuestas no permiten responder a esta pregunta porque no pueden prever el futuro. Lo cierto es que ningún candidato ha llegado con ventaja de 18 puntos porcentuales a estas alturas de la contienda desde que tenemos encuestas y procesos democráticos. Si la elección no está ya decidida a favor de Andrés Manuel, se encuentra muy cerca de estarlo.

La gran pregunta ahora, de hecho, no es si López Obrador ganará la elección sino si impulsará con él a sus candidatos al Congreso y a los gobiernos estatales y municipales. Ningún presidente ha gobernado con mayoría absoluta en el Congreso desde 1997, cuando el PRI perdió esta ventaja en el gobierno de Ernesto Zedillo. Por eso Andrés Manuel, que durante años usó todos los tiempos de radio y televisión para promoverse en lo personal, ahora ha concentrado su atención en las otras contiendas. Dice el candidato que no le gusta el término de “carro completo”, tan relacionado con el PRI del pasado, pero que en la jerga de Tabasco y Chiapas tendrá un “cayuco completo”.

¿Y si se unieran Anaya y Meade? Tampoco parece suficiente para derrotar a López Obrador. En los careos que presenta la encuesta, el morenista sigue estando muy arriba de sus rivales. Una declinación de Meade no le suma a Anaya y una de Anaya tampoco le sumaría a Meade.

Solo hay un enemigo que pueda hacerle perder la elección a López Obrador. Es el mismo. Si el candidato no comete errores garrafales, parece encaminado no sólo al triunfo, sino al cayuco completo el próximo 1 de julio.

Relevo de Ochoa

Enrique Ochoa fue un magnífico subsecretario de energía, donde se convirtió en uno de los principales arquitectos de la reforma energética, y director de la CFE. Fue, sin embargo, un pésimo presidente del PRI, con desplantes del viejo priismo cuando el partido necesitaba aires nuevos. No sé si René Juárez será mejor o peor.

Twitter: @SergioSarmiento

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