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“Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Jorge Luis Borges

Sorprende que un país en el que no se lee tenga el más importante encuentro editorial del mundo de habla española. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha obtenido esta distinción tras un esfuerzo de 31 años.

La FIL buscó en un principio replicar la Liber de la Federación de Gremios de Editores de España que se turna entre Barcelona y Madrid. Con el tiempo se ha fortalecido hasta convertirse en uno de los más importantes festivales de cultura en México. Raúl Padilla López, quien impulsó inicialmente la feria desde la rectoría de la Universidad de Guadalajara, entendió la importancia de tener una cita anual con los libros en un país latinoamericano sumido en su década perdida. Hoy Marisol Schulz dirige la FIL, pero Padilla sigue presidiéndola.

En los años 80 y 90, cuando mi trabajo principal era la edición de enciclopedias, vine a la FIL todos los años y fui testigo de su crecimiento. Después de un tiempo de ausencia por otras responsabilidades, he vuelto con el entusiasmo de un hombre que se reencuentra con una amante nunca olvidada.

Cada quien tiene una razón distinta para acudir a la feria. Yo puedo hacer en dos días entrevistas con escritores de todo el mundo que en otras circunstancias me tomarían semanas de esfuerzo y media docena de viajes internacionales; en esta ocasión, he grabado ocho conversaciones con autores como Irvine Welsh, Almudena Grandes, Arturo Pérez-Reverte, Gilles Lipovetsky, Sergio Ramírez y Claudia Piñeiro. Los escritores vienen a presentar sus libros; los editores a acompañarlos, firmar contratos y encontrarse con otros editores para negociar acuerdos de traducción y distribución; el público llega a renovar su amor con el viejo arte de la lectura, y a ver y escuchar a esos escritores que incitan su imaginación y usualmente sólo puede conocer en las solapas de los libros.

Los hoteles alrededor de la Expo Guadalajara se convierten a fines de noviembre y principios de diciembre en intensos centros de discusión de temas literarios y académicos. En el Casino Veracruz terminan muchos de estos debates a ritmo de salsa.

La FIL se distingue de otras ferias en que además de ser un lugar de trabajo para los editores, a los cuales se les reserva el recinto de lunes a miércoles de 9 a 17:00 horas, recibe también la visita de miles de lectores o simples curiosos. En este año participan 2 mil 42 casas editoriales de 42 países y se calcula que acudirán 800 mil visitantes. Solamente la Feria de Francfort en Alemania tiene cifras mayores.

La FIL es escenario de la entrega de premios importantes, como el de Literatura en Lenguas Romances otorgado al francés Emmanuel Carrère, el Carlos Fuentes que se dio al estadunidense Paul Auster, el Premio al Bibliófilo que se concederá mañana a Alberto Ruy-Sánchez; el de Periodismo Cultural Fernando Benítez que se entregará a la fotógrafa Graciela Iturbide; el de Caricatura La Catrina que recibirá Antonio Helguera, y varios en colaboración para autores nuevos. Este 25 de noviembre, por otra parte, se rindió un homenaje al filósofo español Fernando Savater.

Las razones de cada uno para venir a la FIL pueden ser distintas, pero yo lamento que mi actual trabajo no me permita quedarme toda la semana como en otros tiempos. La feria me llena de entusiasmo. No soy el único. Me encanta ver salir a miles de jóvenes y adultos con bolsas repletas de hallazgos. Es una sólida esperanza para un país en el que nos dicen que no se lee.

La canciller

Rosario Green fue secretaria de relaciones exteriores en el sexenio de Ernesto Zedillo tras una larga y distinguida carrera académica centrada en temas internacionales. Eran tiempos en que los titulares no llegaban a la cancillería a aprender.

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