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De un empate contra Portugal lleno de categoría que puso al Tri a la altura de los grandes, a una victoria de 2-1 contra Nueva Zelanda que implicó las angustias tradicionales.

Grade contra los grandes. Angustiante frente a los pequeños. Así volvió a ser la historia de la Selección Mexicana y no por el inexplicable y poco tangible “exceso de confianza”. Esta vez, el sufrimiento, sobre todo en el primer tiempo, se explica en la alineación que contó con ocho movimientos respecto al partido pasado.

Juan Carlos Osorio ha defendido a capa y espada su filosofía. Y la gran racha con la que llegó a este torneo lo respalda. Sin embargo, tantos movimientos en un partido de Copa Confederaciones pareció un exceso.

La falta de conjunción fue evidente, a tal grado que Nueva Zelanda de repente pareció equipo imponente. Los oceánicos, que no han ganado un partido en torneo FIFA y ni siquiera marcaron gol en sus últimos cinco juegos de Confederaciones, se pusieron arriba del Tricolor que tres días antes le había igualado, lleno de agallas y buen futbol, al campeón de Europa.

Desde el minuto 9, Carlos Salcedo desvió un balón que casi empujaba Tommy Smith, el defensa que causó casi los mismos peligros que el delantero Chris Wood, quien casi al final del primer tiempo fusiló tras recibir un pase entre líneas para el 1-0.

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