Publicado en Destacado, REGIÓN SUR.

Desde siempre, en la zona del Plan Balancán, las mujeres se levantaban junto al hombre para poner la leña en el fogón, prenderlo y poner los frijoles al lado del comal donde se echan las tortillas, y proporcionarle al responsable del trabajo de afuera los nutrientes necesarios para aguantar la jornada de sol a sol de todos los días.

Pero el gusto no duró lo que se esperaba, el ansiado “polo de desarrollo” mermó, ante una vorágine económica provocada por los tratados de libre comercio que refundieron en lo más profundo los productos mexicanos para darle chance a los extranjeros; así se fueron perdiendo las garantías de una hectárea de maíz y un kilo de carne, que eran la base del sustento familiar.

Entonces, siguieron levantándose juntos el hombre y la mujer en esta zona, pero ya no hubo qué comer. Se perdió la tradición de huertos familiares, y de las granjas de traspatio.

Hoy, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), logró poner en práctica algo nunca antes hecho: darle oportunidad a las mujeres.

Para ésto, se organizaron grupos en comunidades del Plan Balancán como la villa Quetzalcóatl, en donde grupos de mujeres sin miedo se organizaron, y bajaron proyectos de peces (tilapias) de engorda, los cuales ya rindieron sus frutos.

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